Vivir con extraños

Cada vez más personas mayores recurren a la figura del 'roommate'
Vivir con extraños
Archivo/La Opinión

Aunque es común compartir habitación con alguien mientras se está en la universidad y poco después de salir de ella, el cada vez más costoso precio de los alquileres obliga a que muchas personas adultas se vean en la necesidad de vivir en la misma casa con extraños, lo que puede resultar una tarea bastante difícil.

De jóvenes somos mucho más tolerantes, y que nos despierten a media noche con música a todo volumen o encontrar el fregadero lleno de platos sucios, no nos molesta tanto cuando tenemos 20 años, pero ya a los 40 puede ser causa de una seria discusión.

La ventaja es que esa madurez que viene con la edad hace que las personas sean más responsables y directas a la hora de enfrentar malentendidos y problemas de convivencia.

Pero de igual manera, a cualquier edad es importante tener reglas claras de convivencia, por lo que consultamos con Matt Hutchinson, co-autor del libro The Essential Guide to Flatsharing (Guía Esencial para Compartir Apartamento), quien nos dio los puntos que considera básicos a la hora de abrirle la puerta de la casa a un inquilino.

No se trata nada más del dinero del alquiler, tienes que pensar además en el pago de los servicios y cómo se va a distribuir. No esperes hasta que la persona se mude para hablar de los costos de mantenimiento de la casa, porque esto podría ser motivo de problemas. Establece desde un principio quién pagará qué (electricidad, teléfono, cable, internet, etc.), y cuánto es el gasto adicional.

Aparte de establecer quién hará la limpieza, hay que acordar la frecuencia con la que se deberá hacer. Esta es otra razón constante de malentendidos entre compañeros de apartamento. Se honesto/a con la persona que se mudará a tu casa sobre cómo te gusta mantenerla, aún más si eres una de esas personas que presta mucha atención al orden.

Si la persona tiene pareja, ¿te importa que se quede en tu casa? Si no te molesta, ¿cuántas veces a la semana? Es de suma importancia discutir la política de visitas de novios/as y amigos, no vaya a ser que termines compartiendo tu casa con un pequeño ejército de personas. Recomendamos establecer la “regla de parejas”, según la cual, la pareja de tu inquilino/a puede quedarse en tu casa el mismo número de veces que tu inquilino/a se quede en la de él/ella. Lo que significa que esa otra persona no estará en tu casa más de tres días a la semana.

Un común denominador de los problemas entre ‘roommates’ es el ruido. Música alta, el televisor, cesiones de sexo muy apasionadas, o incluso el uso de la aspiradora a altas horas de la noche, son causas constantes de discusión. Hay que establecer horas en la cuales ese tipo de ruidos está prohibido, eso sí, hay que ser razonables y realistas, ya que las 8:00 de la noche puede ser “tarde” para algunos y sólo el comienzo de sus horas más activas para otros.

Este punto guarda mucha relación con el anterior. Si a las 6:00 de la mañana uno de ustedes se levanta a trabajar y el otro apenas regresa a casa, se puede generar un conflicto. Conversa con tu posible compañero/a de cuarto sobre el trabajo que realiza, sus hobbies, horas regulares de llegar a casa, etc. Otra vez, hay que ser razonables y quizás hasta un poco flexibles, dependiendo de la edad y profesión de la persona.

“Lo principal es la comunicación. Mientras más temas discutas antes de que la persona llegue a tu casa, menos sorpresas te llevarás. Si surgen problemas de vez en cuando, habla sobre ellos y no llegues al extremo de tener que dejar notas pegadas a la nevera”, concluyó Hutchinson.