Indocumentados sin opciones médicas

Las ferias de salud y las clínicas comunitarias son de los pocos recursos
Indocumentados sin opciones médicas
Guillermo Castro, de 58 años, acude a la jornada de salud del consulado de El Salvador.
Foto: La Opinión - Yurina Melara

A sus 58 años de edad, Guillermo Castro asegura que nunca se ha hecho un examen físico completo o ha acudido al doctor. Este lunes, por primera vez en su vida le tomaron la presión y le revisaron el nivel de azúcar y el colesterol.

Su presión arterial estaba tan elevada que Sara Ramos, coordinadora de atención comunitaria del Hospital St. Vincent, llamó inmediatamente a una clínica comunitaria para encontrarle una cita lo antes posible.

Los indocumentados, como el caso de Castro, no califican para obtener seguro médico a través de la nueva ley de salud conocida como “Obamacare” y dependen en gran parte de clínicas comunitarias.

Precisamente en la feria gratuita realizada este lunes en el Consulado de El Salvador patrocinada por el Hospital St. Vincent, Castro se enteró que ese persistente dolor de cabeza puede ser el inicio de un derrame, de ceguera o de ataque al corazón.

“A veces me dan dolores de cabeza, me tomo una pastilla y se me quita”, dijo Castro.

La coordinadora de atención dijo que con demasiada frecuencia se encuentra a personas como Castro que tienen la presión tan alta que necesitan atención casi inmediata. Lo más triste es que si no fuera por las clínicas móviles gratuitas muchas personas, no tuvieran acceso a los servicios de salud más básicos, añadió.

“Hay muchas personas que necesitan servicios básicos y que no los tienen porque son indocumentados… nuestros servicios son para cualquier persona que lo necesite. Vamos a consulados, iglesias y llevamos nuestra unidad móvil a organizaciones sin fines de lucro”, dijo Ramos.

Para la enfermera Lily Granjo, encargada de revisar el nivel de azúcar en la sangre, estos exámenes muchas veces son la diferencia entre la vida y la muerte para muchos inmigrantes. Ella explicó que muchas personas se dan cuenta que tienen diabetes o presión alta hasta cuando algún órgano, como por ejemplo los riñones o los ojos, les deja de funcionar.

Castro llegó al consulado para tramitar su Documento Único de Identidad (DUI) y a mitad del día ya sabía que no tiene diabetes, pero que necesita ir al médico para controlar su presión arterial.

Al igual que él, otras 30 personas llegaron con el fin de renovar el pasaporte o hacer algún otro trámite oficial en el Consulado y pudieron enterarse si tienen riesgo de sufrir de diabetes o de enfermedades cardíacas.