Avanza regularización de comerciantes informales de Boyle Heights

Hay alrededor de 20 mil vendedores irregulares en LA, de los cuales la mitad se dedica a los alimentos preparados.
Avanza regularización de comerciantes informales de Boyle Heights
Son muchas las familias que venden ropa y otros artículos desde sus hogares, llenando así un vacío dejado por grandes cadenas de tiendas.
Foto: Aurelia Ventura / La Opinión

Cafeteras, licuadoras, tostadores, relojes, colchas, juguetes, ropa interior, blusas y otros etcéteras se venden en la cochera de Laura Herrera, una sinaloense curtida en el negocio del comercio.

Todo es nuevo, son devoluciones de tiendas; overstock [excedentes]”, explica la mujer sobre el negocio que de miércoles a sábado se desarrolla en el jardín de su casa, en la transitada calle Soto.

Ella empezó hace dos años, comprando electrodomésticos en almacenes del este del condado de Los Ángeles. Los vendió todos y trajo más. Luego se aventuró con la ropa femenina. Así surtió un bazar improvisado del que es difícil salir con las manos vacías.

“Esa la distribuye Walmart”, comenta Herrera señalando una tostadora de pan con la caja reforzada con cinta adhesiva y la cantidad “$25” escrita en el frente.

Su vecina, María Navarro, agradece tener a la mano un local tan surtido y barato. “Es más conveniente y más cómodo, porque uno no tiene que ir tan lejos a una tienda”, comenta.

Decenas de vecinos a lo largo de la Soto y calles aledañas ofrecen ropa y distintos artículos en patios, bardas y banquetas, algo que parece llenar unhueco que han dejado las grandes cadenas comerciales.

“Nosotros tenemos que andar comprando en las comunidades para reducir el gasto”, indica Liberiana Concepción, quien busca blusas en un colgadero de metal repleto de prendas.

La actividad comercial en la Soto y tantas otras calles de la ciudad está incluida en la campaña para legalizar la venta informal, explica Hassan Nicholas, del Centro de Recursos Financieros Comunitarios (CFRC), que desde hace dos años congrega a comerciantes ambulantes en un lote de Pico-Union. Es el primer paso hacia la regularización. “Así están más protegidos”, comenta Nicholas.

Se estima que hay alrededor de 20 mil vendedores irregulares en Los Ángeles, de los cuales la mitad se dedica a los alimentos preparados. La idea es que a finales de 2014 se tenga una ordenanza que les permita obtener una licencia y que establezca regulaciones. Aún se afinan los detalles.

A lo largo de este corredor no hay oposición al plan de tener permisos de la Ciudad, de hecho algunos ya lo tramitaron pues lo necesitan para las compras donde sus proveedores, los almacenes.

El desarrollo económico de la ciudad empieza en las calles“, puntualiza Xiomara Corpeño, organizadora de la Coalición pro Derechos de los Inmigrantes de Los Ángeles (CHIRLA).

Los fines de semana, hasta cinco puestos de ropa se cuentan en la esquina de las calles Soto y Tercera. Uno de estos es el de Silvia Virgen, originaria de Jalisco. Desde hace cuatro años, la mujer vende, frente a la casa que alquila, porque se desplomó la clientela en el mercado ambulante que visitaba.

Ella reconoce que el negocio es raquítico [esta semana ganó nueve dólares en seis horas], “pero si no le hace uno la lucha no le sacas nada”. Todo lo que ofrece es usado y lo trae de una tienda cercana. Su especialidad: vestidos de niña y ropa de bebé. “Te lo dan a cuatro dólares, tú lo vendes a cinco”.

Hay mujeres que incluso vienen a su local por sostenes de segundo uso, que valen dos dólares. “Es que los nuevos, que ‘Olga’, que ‘Vanity Fair’, cuestan 28 ó 32 dólares”, explica la comerciante.