Un albergue para ‘venir, descansar y avanzar’

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Un albergue para ‘venir, descansar y avanzar’
Foto: Especial para La Opinión - Israel Anguiano

Tres generaciones de mujeres fuertes, —su madre, que la sacó adelante; su abuela que gestionaba negocios en México para dar de comer a sus siete hijos y su bisabuela que era conocida como “la maestra” porque enseñaba a leer y escribir a la gente en 1900— inspiran el trabajo diario de Raquel Román.

Esta chicana de 33 años —como de define a sí misma—, empezó hace más de una década a trabajar de voluntaria en la iglesia de La placita y a ayudar a la gente necesitada.

“Me di cuenta de que había algo en mí para trabajar en el sector sin ánimo de lucro”, comenta al repasar las diferentes organizaciones en las que ha trabajado.

Cuando entró en Proyecto Pastoral, se puso al frente del centro Guadalupe homeless, “un albergue para inmigrantes indocumentados” que se ha convertido en un santuario después de 25 años.

Aunque supuestamente es un centro para “emergencias”, Román ha decidido llevarlo a otro nivel. “Facilitamos clases de inglés y las herramientas necesarias para que puedan tener éxito en la sociedad”, dice con ánimos.

Una de sus pasiones es ayudar a la gente, por eso celebra que la gente deje el albergue. Román ha sido testigo de varios casos interesantes.

“Cuando alguien les da la mano, salen de la sombra”, resalta. El albergue es “un punto de inicio, una familia. Ellos vienen, descansan y avanzan”.

Inquieta y con ganas de seguir construyendo una mejor comunidad, Román volvió a la universidad a completar los estudios que tuvo que dejar en el pasado.

“Oficialmente me gradué en diciembre de 2013 de Estudios chicanos con especialidad en estudios de género de mujeres”, relata.

Esta vuelta a los libros no fue casual.

Hace dos años puso en marcha una cooperativa para mujeres que preparan alimentos para eventos. Es como “mi bebé y ahora tengo que pasar a la siguiente fase”. Este proyecto da a las féminas la oportunidad de tener experiencia laboral y proveer a sus familias.

Trabajando en una organización sin ánimo de lucro, Romero tiene claro cual sería su sueño: “que el albergue no se necesitase más”. Sin embargo, una dosis de realismo le hace poner como prioridad número uno en la cual pensar: la reforma migratoria. Después, dice, viviendas asequibles.