Batallando contra la esclavitud del siglo XXI

Batallando contra la esclavitud del siglo XXI
Foto: Especial para La Opinión - Israel Anguiano

El próximo 25 de mayo, María Suárez cumple 10 años de libertad. Una fecha en la que le hubiera gustado inaugurar la organización que está levantando para “salvar a todas la criaturas que puedan caer en una red de tráfico humano como caí yo. No quiero que nadie viva lo que yo viví”, recalca con voz suave y ritmo pausado.

Su gran sueño es poner en marcha la Fundación María Suárez. Sea antes o después, luchará por esta “causa con la misma fuerza”.

A sus 15 años, Suárez dejó Michoacán (México) y se vino cargada de sueños preciosos a Estados Unidos a finales de los 70. En un abrir y cerrar de ojos, estos “se fueron a la basura” en Sierra Madre (California). Ahí cambió su vida. Engañada por la mujer que cuidaba de ella y de su hermana, fue vendida a un hombre que la tuvo seis años esclavizada.

“Le tenía tanto miedo”, recuerda, al pensar en cómo enfermó su padre en 1978 y como le dijo que él lo mataría.

Sin hablar inglés y con ganas de trabajar par ayudar a su familia, cayó en esta pesadilla que no acabó más que con la muerte de su captor. Asesinado por un vecino, Suárez pasó casi 23 años en la cárcel acusada de este crimen. Y eso que el autor habló ante el consejo de la prisión negando cualquier situación que la implicara a ella.

Hoy, a punto de cumplir 54 años, dice que ha logrado superar lo ocurrido “porque soy una mujer con mucha fe”. Ahora se siente fuerte para luchar contra la lacra de la trata de personas.

“No quiero que se quede en que María fue una víctima, una superviviente o la primera persona que agarró su visa T- por tráfico humano; nada de ser una estadística. Quiero ser alguien de quien digan a ella le paso, pero sigue luchando”, señala tajante.

Por eso trabaja para constituir su organización no lucrativa y busca ayuda financiera y legal para solucionar las cuestiones burocráticas.

No esconde que con ella viven aún algunos miedos, pero prefiere mantenerlos muy dentro. Su espiritualidad es lo que la mantiene en forma, aunque también hace ejercicio para, como dice ella, “saber que cada músculo está bien”.