Anqari, sonidos andinos desde San Francisco

El Colectivo Anqari aporta la musicalidad de las culturas aymara y quechua al Área de la Bahía
Anqari, sonidos andinos desde San Francisco
El Colectivo Anqari promueve la cultura andina en San Francisco.
Foto: Suministrada Adrián Mendoza

SAN FRANCISCO.— Una comunidad de descendientes aymaras y quechuas, junto a latinoamericanos y estadounidenses, se reúnen todas las semanas en un galpón de carpintería en el barrio de la Misión de esta ciudad para compartir su cultura milenaria, fabricar instrumentos, vestimentas y tocar su música ancestral.

El Colectivo Anqari (deidad de los vientos en lengua aymara) hace una reproducción “lo más fidedigna posible” de lo que son las expresiones musicales de los pueblos andinos, según explica Luis Valverde, uno de los directores del grupo y conocido coreógrafo e investigador.

Los estilos musicales prehispánicos que el grupo meticulosamente reproduce incluyen los kantus, expresión quechua con herencia kallahuaya, de la zona de Charazani en la provincia boliviana de Bautista Saavedra y el italaque, de la Provincia de Camacho.

“Mi abuela materna era quechua, mi abuelo era de Ayacucho, en los Andes del centro. De niño pude ver esto, pero como existe una marginación de la cultura nativa para seguir modelos foráneos, el joven en nuestros países crece avergonzado de su cultura. Estos conflictos se dieron en mí hasta que ingresé a la Universidad de San Marcos, la universidad más antigua de América. Ahí pude descubrir mi verdadera identidad”, dijo Valverde.

Aymaras y quechuas provienen de la unión de varias etnias milenarias (quizá más antiguas que las culturas egipcia y babilónica) desarrolladas en la cordillera de los Andes. Los aymaras son reconocidos como parte de la civilización del Tiahuanaku en los alrededores del Lago Titicaca y los quechuas como los precursores de la civilización Inca, cuyo centro político fue el Cuzco. Ambas culturas comparten una filosofía donde la naturaleza, la pachamama, la madre tierra, es el eje central. Su cosmovisión incluye principios como la conocida dualidad andina, donde sin uno no existe el otro; todo es recíproco, funcional y complementario.

Gabriel Escobar Gonzales, el guía del grupo, tiene dos descendencias: es aymara por parte paterna y quechua por la materna. “Dos bellas y ancestrales lenguas y culturas”, comentó. La música “me hace recordar a mis ancestros. Cada vez que agarro el siku (conocido en español como zampoña o flauta de pan) y el bombo, me transporto. Es como que me lleva a un pasado en el que viví hace miles de años. Cierro los ojos y veo las montañas, la naturaleza se manifiesta de esa forma. Es algo especial para mí y nosotros traemos esa tradición aquí a San Francisco”, dijo Escobar.

A pesar de que esta música es ejecutada principalmente por hombres, la cochabambina, Milena Yerke, dijo que esto está cambiando. Ella, junto a Caitlin Hoshino y Pamela Darington son las tres mujeres instrumentistas que además integran el cuerpo de danza. “El sikus se toca en las comunidades rurales en épocas de cosechas y rituales, generalmente en grupos de varones, y las mujeres no querían incluirse, pero tampoco eran excluidas. Estar en el grupo Anqari, siendo mujer, es un gran privilegio porque he aprendido mucho de lo que es el espíritu del sikuris. Mucha gente tiende a perder lo que es su cultura, entonces yo sugeriría que traten de redescubrir sus orígenes y su música. Es importante saber de dónde uno viene. No importa tanto adónde uno va, sino de donde uno viene”, aseveró Milena.

El amor por la música andina llevó a Chris Yerke a Bolivia para estudiar la lengua aymara. Allí también se enamoró de Milena y después del casamiento se instalaron en San Francisco. Chris es carpintero restaurador y uno de los encargados de fabricar los instrumentos para el grupo. “El bombo es el corazón de nuestro grupo, es fundamental tener bombos adecuados”, refirió Yerke.

“Es importante porque uno tiene que tocar el sikus y el bombo a la vez”, añadió Yerke. “Estamos fabricando el cuerpo del bombo al estilo del altiplano alrededor del lago Titicaca. Si añadimos una nueva forma de música, por ejemplo si queremos una tropa de Kantus, tenemos que hacer instrumentos especiales para eso”.

Hector Zapana nació en la Isla del Sol (Lago Titicaca), entre lo que es hoy Bolivia y Perú. A los cinco años de edad aprendió a tocar la música de su pueblo y a los diez aprendió español. Hector dice que la música ancestral cumple variadas funciones, incluso para lo que California tanto necesita; la lluvia. “Tenemos una visión espiritual, es para mover la energía alrededor, no es sólo para la diversión. Para las cosechas hay especiales tonadas para tocar zampoñas y también quenas. Si necesitamos llamar la lluvia hay diferentes tonadas también para eso. Con esa energía se juntan las nubes y crea la lluvia. Si encuentras una tonada repetitiva llegas a un trance y ese trance es donde tú te encuentras con uno mismo. Eso es lo que para mí significa el sikuri”, dijo.

La oportunidad para disfrutar al elenco completo, incluido su cuerpo de baile es para el domingo 25 de mayo, 2014, durante su participación en el Carnaval de San Francisco. Para mayor información, hacerse amigo del grupo en Facebook.com/colectivoanqari o llamar al 415-596-0843.