Chapo y chapitos

Chapo y chapitos
'El Chapo' cuando fue capturado.
Foto: EFE

MÉXICO

La buena noticia es que el Chapo Guzmán todavía no se ha escapado. La última vez, en el 2001, sus carceleros se quedaron enojados porque se salió sin avisarles. No volverán a cometer el mismo error La mala noticia es que ya hay competencia para reemplazar a “El Chapo” y que aquí en Estados Unidos existen más mariguaneros que nunca.

No es para lloverle a la fiesta del presidente de México, Enrique Peña Nieto, pero su gran éxito al detener a “El Chapo” tendrá un efecto mínimo —o quizás contraproducente— en la guerra contra los narcos. La estrategia de perseguir a los líderes de los cárteles de las drogas no genera paz ni seguridad. Se arresta a un “Chapo” y, al rato, aparecen más “Chapitos”. Esa es la regla del este mortal juego.

Los globos de la fiesta están a punto de desinflarse. En enero de este 2014 fueron asesinadas 1,366 personas en México (según cifras oficiales) y hubo 132 secuestros. Son casi las mismas que las de enero del año pasado y, para nuestra desgracia, serán casi iguales en este marzo, abril, mayo…

Es decir, el arresto de “El Chapo” no afectará en nada el negocio de traficar con drogas. ¿Por qué? Muy sencillo, porque aquí en Estados Unidos están comprando y consumiendo drogas con singular alegría.

Colorado y Washington son un carnaval. Cualquier mayor de 21 años puede comprar legalmente marihuana para ponerse high. Y mientras tanto miles de mexicanos, centro y sudamericanos mueren absurdamente para que esa marihuana y otras drogas no lleguen a Estados Unidos. Es una guerra perdida.

En el 2012, 18.9 millones de estadounidenses usaban marihuana, según el National Survey on Drug Use and Health. Esto es un considerable aumento de los 14.4 millones que fumaban marihuana en el 2007. Lo peor es que, con las nuevas leyes en Colorado y Washington —más otros 18 estados que permiten el uso medicinal de la marihuana— el consumo para el 2014 se va a disparar.

Ya hay tanta gente que fuma mariguana en Estados Unidos que a nadie le extrañó que el propio presidente Barack Obama reconociera públicamente, frente a un grupo de jóvenes afroamericanos, que cuando él era adolescente también uso drogas. “I got high”, dijo.

Hay tanta gente aquí que usa marihuana que, pronto, el término “marihuanero” dejará de ser peyorativo. “Mariguanero” será una palabra más cercana al catador de vinos que al delincuente. Es algo cada vez más común y aceptado socialmente.

Es justo esta demanda de marihuana y otras drogas en Estados Unidos lo que mata a tanta gente en América Latina. No tiene sentido morirse al sur de la frontera para impedir que pasen las drogas, cuando el norte, lejos de detener su consumo, lo tolera, lo legaliza y hasta cobran impuestos.

Si a los que fuman marihuana en Estados Unidos le sumamos los que se meten cocaína, heroína y otras sustancias ilícitas, llegamos a la cifra de 23.9 millones de norteamericanos que, regularmente, se drogan (de acuerdo con los últimos datos del 2012).

Debido a esos consumidores de drogas en Estados Unidos surgió “El Chapo”. Por eso hay una guerra de carteles en México. Por eso más de 18 mil mexicanos fueron asesinados el año pasado y más de 60 mil perdieron la vida en el sexenio anterior.

Si la marihuana fuera legal en todo el continente es posible que “El Chapo”, en lugar de estar en la cárcel, hubiera sido el billonario CEO de una transnacional. Y miles, también, no hubieran muerto en esta guerra absurda. Pero esto, lo reconozco, es ficción.

La realidad es que El Chapo es un criminal, nos seguiremos muriendo en América Latina tratando inútilmente de parar a los narcos, y los estadounidenses continuarán drogándose. Pero no me dejen echarles a perder su día. Como canta Pitbull, “que no pare la fiesta” y que sigan las celebraciones por la captura de “El Chapo”.