‘Crack’ refugiado en el barrio

Castigado de por vida, el salvadoreño Osael Romero aparece en las canchas del futbol aficionado
‘Crack’ refugiado  en el barrio
El salvadoreño Osael Romero con su equipo San Nicolás.
Foto: Especial para La Opinión - William Camargo

El estadio Cuscatlán, catedral del futbol de El Salvador, vibró con sus jugadas y lo vio coronarse campeón de liga. Allí y en otros lugares, sus actuaciones con la selección nacional trascendieron e hicieron de él una ascendente estrella local, con tanto talento que incluso pudo emigrar al extranjero.

Osael Romero llega a la Carver Middle School, en el Sur de Los Ángeles, con maletín al hombro, callado como siempre. No hay un pasillo hacia el estadio por donde él escucha el rugir de los aficionados; de hecho, ni siquiera hay un estadio.

Es una tarde más del tibio invierno angelino, Romero se prepara para hacer lo que mejor sabe: jugar futbol.

El ex campeón salvadoreño con el Águila y miembro de “La Selecta” en Copas Oro y eliminatorias mundialistas ya no comparte los vestidores con otras figuras salvadoreñas, ni la cancha con figuras del futbol internacional.

Todo se acabó cuando fue suspendido, junto con otras dos decenas de seleccionados de El Salvador, por amaño de partidos.

La pena capital de un futbolista, podría decirse.

Romero ahora juega para el San Nicolás de la Premier Soccer League, en ese vasto mundo que es el futbol amateur del sur de California. Su equipo enfrenta al Santa Mónica Sporting en la penúltima fecha del torneo.

El salvadoreño de casi 27 años de edad inicia su transformación para convertirse en el futbolista. Con sus pantaloncillos ya puestos, Romero se sienta sobre el pavimento para ponerse las medias, las espinilleras y atarse los botines mientras sus compañeros conversan y bromean entre ellos.

Una vez atadas las zapatillas se pone en pie y sacude su camiseta, azulada por cierto, con su clásico número 8 en la espalda, mismo que usaba con la azul y blanco salvadoreña.

Ya equipado, Osael se dedica a hacer ejercicios de estiramiento y a compartir con el resto de jugadores que se le van uniendo en el calentamiento.

Minutos después, el entrenador del San Nicolás, Salvador Morán, reúne a sus pupilos para dar las últimas indicaciones antes de iniciar el partido. Romero escucha.

“Él [Osael Romero] llegó al equipo y nos cayó como anillo al dedo, con su experiencia nos vino a ayudar bastante, es un jugador que aporta en todas, defiende y ataca, aparte es muy humilde, es muy noble y muy humano”, comenta Morán.

Samuel Martínez, mánager del equipo, afirma que, “él es muy bueno, es muy técnico, es pequeño de estatura, pero cuando tiene el balón no se lo pueden quitar y es muy talentoso a balón parado. Se ha vuelto uno de los líderes del grupo, aparte de buen jugador es muy buena persona. La gente lo quiere mucho porque es muy humilde”.

Nunca hubo dudas sobre la calidad futbolística de Osael.

En la campo, el centrocampista cuscatleco intenta armar la media cancha del equipo para aportar a la escuadra.

Tan sólo tres minutos después de que el árbitro Joel Zavalza dio el silbatazo inicial, una jugada creada en los pies de Romero hace saltar al banquillo del San Nicolás, conjunto que a partir de ese momento se concentra en atacar el área rival con jugadas por las bandas.

Con el pasar de los minutos el salvadoreño va tomando ritmo y a los 25′ conduce el balón desde el medio campo dejando a varios jugadores en el camino, pero el portero de Santa Mónica logra desviar.

Sus compañeros se apoyan en Romero y le pasan el esférico para que él pueda crear la jugada y atacar al rival. Esta es la historia del partido.

En el descanso Romero conversa con un compañero y al escuchar la indicación de ir a tomarse una fotografía de recuerdo con ambos equipos, acata y se dirige al centro de la cancha.

Otros tiempos fue en el Cuscatlán ante 50 mil espectadores, o incluso en el entonces bastante poblado Home Depot Center, su hogar en 2010 cuando llegó a la MLS como notable fichaje de Chivas USA.

Hoy, son apenas unos cuantos curiosos mirando el partido en esta escuela localizada muy cerca de Vernon Avenue.

Para la segunda mitad, Osael Romero se dedica a recuperar balones y a enviarlos a los dos hombres en punta buscando la ventaja, lo que siempre ha hecho en la cancha.

Un penal cometido sobre el cuscatleco es concretado por Carlos Barrios para poner 2-1 en la pizarra. La ventaja hace que el equipo se desconcentre y el entrenador grita: “¡Busquen a Osael!”, mientras el volante corre de lado a lado para buscar y conseguir la pelota.

Los jugadores que se preparan para el próximo encuentro de la jornada comentan sobre el talento del salvadoreño.

“Ese 8 es el que jugaba con la selección de El Salvador, es bien astuto”, le dice un hombre a su acompañante, quien responde, “Es bueno para mover la pelota”.

Cinco minutos antes del final, Maykel Galindo, el internacional cubano y también ex jugador de Chivas USA, deja paralizado al portero rival con un remate de media distancia que significa el 3-1, y poco después, gracias al pase de Romero por la derecha, el mismo Galindo hace el definitivo 4-1.

Quién iba a pensar que ellos se reencontrarían en un equipo como este.

“¿Viste el pase? Se le nota la calidad, se ve que ha jugado con profesionales”, dice otro aficionado sobre el armador.

Se acaba el encuentro. Osael ha desquitado. Camina hacia la banca para quitarse la camiseta sudada y volver a ser ese chico humilde y callado que siempre le ha caracterizado.

Él no es que se vea muy feliz; no podría estarlo luego de lo que le sucedió. Pero se mira tranquilo, incluso motivado. Es lo que el deporte, el futbol, siempre tiene para ofrecer.