Tejuino, la bebida prehispánica considerada ‘mexican red bull’

Bebida mexicana es fuente de ingresos y delicia para propios y extraños
Tejuino, la bebida prehispánica considerada ‘mexican red bull’
Doña Lupe prepara el tejuino que vende a conductores que pasan por su puesto en Pico Rivera.
Foto: Isaías Alvarado / La Opinión

Debajo de una sombrilla negra, doña Lupe exprime y exprime limones, el último ingrediente de la bebida refrescante que ella vende en un puesto ambulante a la salida de la ciudad de Pico Rivera.

“Te limpia todo el organismo, es bueno para los riñones; es fresco, natural, no tiene nada de químicos”, asegura como si se tratara de una pócima mágica que lo cura todo.

Lo que ella ofrece se llama tejuino, una bebida hecha a base de maíz y que tiene sus orígenes en el México prehispánico, y alivia, al menos, el calor de esta tarde que no parece de invierno.

Doña Lupe le agrega sal, limón y cubos de hielo, suficientes para mitigar casi 80 grados Fahrenheit.

Por años ha vendido aquí y le sobran clientes. Un día antes de la entrevista alguien le compró un balde grande. “Iba para Las Vegas”, presume. “Aquí viene gente de San Diego; los del Este de Los Ángeles me compran porque el que venden allá no les gusta”, agrega.

Algunos se estacionan en el acotamiento del bulevar Rosemead y caminan hacia su local, pero otros solo le indican con las manos el tamaño del vaso que quieren y ella se los lleva.

“Ya saben lo que están comprando, saben que está bueno”, dice mientras le prepara un vaso chico (de 16 onzas, que vale $3 dólares) a una muchacha que ni siquiera bajó la ventanilla de su auto.

A este improvisado drive-thru ha llegado Tom Hong, un asiático que fue traído por un amigo. Jamás ha probado la bebida y pregunta a un grupo de clientes cómo se llama y de qué está hecha. “Es el mexican Red Bull”, le dice alguien para animarlo.

Hong, vecino de El Monte, pide el vaso más grande, el de 30 onzas, y no pierde de vista la pericia de la comerciante al verter el tejuino de un vaso a una jarra, y viceversa. Así le mezcla el limón y la sal.

El asiático toma el vaso, absorbe el tejuino con un popote y mira hacia el cielo buscando a qué le supo. “Es fresco y te deja un sabor agridulce. ¡Me gusta!”, expresa.

La vendedora, que ha esperado la aprobación de Hong, sonríe al escuchar el comentario de su nuevo cliente. “¡Aquí es number one!”, festeja doña Lupe levantando el pulgar derecho.