Arellano se entrega en la garita de Otay

Otras nueve mamás indocumentadas también lo hacen junto con varios 'dreamers'

Arellano se entrega en la garita de Otay
Elvira Arellano, justo antes de entregarse en la frontera ayer, junto con su hijo Saúl, de 15 años y ciudadano de EEUU; también carga a su bebé, Emiliano, de 4 meses.
Foto: authors

La activista Elvira Arellano, acompañada de otras nueve madres indocumentadas que antes vivieron en los Estados Unidos, sus hijos ciudadanos o no y dos dreamers, se entregaron ayer martes antes de mediodía a las autoridades migratorias en la garita de Otay, en Otay Mesa, California.

Al grupo se unieron “varias otras mámas y personas” a última hora, dijo Mohammad Abdullahi, portavoz de la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes (NIYA). Entre los que se unieron a las mamás están Rocío Hernandez, una joven dreamer que intentó pasar con un grupo anterior denominado “DREAM 30” el pasado mes de septiembre, pero fue deportada.

Una del grupo es la activista Cynthia Díaz, quien es ciudadana estadounidense y cruzó para acompañar a su mamá María del Rosario, deportada de su casa en Arizona en 2011 por una orden de deportación pendiente. Díaz, quien ahora tiene 18 años y estudia en la Universidad de Arizona, además de participar en las campañas pro inmigrantes, se unió al grupo de detenidos ayer martes.

Los activistas presentaron un documento pidiendo la liberación humanitaria de las nueve mamás que acompañaron a Arellano, varias de ellas vivieron en Arizona y fueron deportadas o escaparon durante los años de apogeo del Sheriff Arpaio y su persecución de los inmigrantes o a raíz de la aprobación de la Ley de Arizona en 2010.

Los que cruzaron ayer martes, más de 30 personas, completan un grupo de más de 150 que comenzó a entregarse el lunes de esta semana, pidiendo el regreso de personas deportadas o que se fueron, luego de vivir en Estados Unidos durante años.

Hasta ahora, un hombre ha sido deportado y varios menores de edad ciudadanos han sido liberados a familiares o a autoridades locales en espera de ser reunidos con otros familiares. Algunos están solicitando asilo y otros una visa humanitaria.

Arellano, una mexicana y madre de un hijo ciudadano estadounidense, se convirtió en el rostro visible de los indocumentados en Estados Unidos en 2006, tras refugiarse durante casi un año en una iglesia de Chicago en busca de santuario contra la deportación, convirtiéndose incluso en la persona del año de la revista Time en aquel entonces.

La mujer había sido arrestada durante una redada en el aeropuerto O´Hare, donde trabajaba, y puesta en proceso de deportación, pero se refugió en una iglesia de Chicago durante más de un año, convirtiéndose en símbolo de la política de deportaciones de Estados Unidos. Arellano alegaba querer vivir en Estados Unidos en beneficio de su hijo Saúl, que entonces tenía 7 años y que ahora tiene 15.

Arellano, quien ha trabajado como activista en México fundando su propia organización pro inmigrante en ese país, se presentó en la frontera ayer con su hijo Saúl, de 15 años, quien es ciudadano estadounidense y Emiliano, de 4 meses de nacido.