Un mensaje humano del futbol

Jacob, Joseph y Walter son un ejemplo de las ventajas que ofrece hacer deporte
Un mensaje humano del futbol
Jacob de la Garza quiere ser doctor y jugador profesional.

Hace frío, pero esos 30 niños siguen entrenando sobre la enorme cancha. Todos lucen muy concentrados, serios, haciendo piruetas con el balón. Ellos son los pequeños del equipo Blaugrana, que juegan en la Liga Liberty de Rafael Mendoza.

El campo está lleno de color, pues sus uniformes, las pelotas regadas y los conos le dan vida al rectángulo verde de la Rubén Salazar Continuation School, en la ciudad de Pico Rivera.

Los uniformados con las camisetas del Barcelona conducen la pelota de un lugar a otro, atienden las indicaciones de Frank López, dueño y entrenador del equipo, quien les explica cómo deben realizar el siguiente ejercicio, y una vez más los pequeños lo hacen a la perfección.

Todos son iguales. Todos entrenan al mismo ritmo, nadie imaginaría que dentro de esos 30 niños hay dos con condiciones muy especiales.

Jacob de la Garza tiene 9 años de edad y padece epilepsia. Joseph Urbina, de 13 años, tiene autismo. Y un poco alejado del grupo, pero corriendo junto a su madre, está Walter Urbina, de 14 años, quien tiene Síndrome de Down. Todos son parte del equipo.

Hace cuatro años, Jacob de la Garza fue diagnosticado con epilepsia, condición que no le impide convivir y ser parte de un equipo de futbol. Según su padre, Claudio, ha mejorado su ánimo y disfruta ser parte del grupo.

“Al principio nos dijeron que era un tic [movimiento involuntario del cuerpo], pero empezó a darle más seguido y más duro, lo llevamos otra vez y le hicieron un estudio y hallaron que tenía epilepsia”, cuenta De la Garza.

Los ataques que sufre Jacob no le hacen caer al suelo, simplemente le producen algo que su padre describe como un escalofrío que le provoca inconscientemente mover su cuerpo y su cabeza, además de perder la secuencia de lo que estaba haciendo. También enfrenta problemas de atención y coordinación de sus piernas.

“A veces el más largo puede durar unos cinco segundos, a veces le pueden dar unos seis o siete en 15 minutos y a veces no le da nada”, expone el padre.

Los médicos han dicho a los padres de Jacob que no pueden explicar completamente su caso, pues consideran que sufre los ataques porque el cerebro no recibe suficiente oxígeno. Los medicamentos que le recetan no aseguran curar el problema y como efecto secundario podrían dañar los riñones del pequeño, por esa razón sus padres han decidido no utilizarlos más y se aferran a la posibilidad de que la condición de Jacob pueda recuperarse conforme siga creciendo.

El pequeño defensa ha encontrado en el futbol a un aliado para despejar su mente, mejorar sus habilidades motoras y descubrir un nuevo pasatiempo.

“Estamos sorprendidos de cómo se ha desarrollado Jacob, es increíble como se ha desarrollado a nivel motor y mental; al principio no entendía bien los ejercicios, pero ha evolucionado muy bien”, comenta el entrenador, Frank López.

Jacob sueña con ser doctor, pero también quiere convertirse en futbolista y en artista, ya que confiesa que le encanta pintar y dibujar.

“Siempre que lo veo me siento mal porque tiene que pasar por eso y cada vez que lo veo hacer algo bien me siento muy orgulloso de él”, dice su padre, muy emocionado.

Melva Quinchilla tiene toda la certeza de que el deporte es una excelente manera de ayudar a sus hijos, Walter y Joseph Urbina.

Walter nació con Síndrome de Down; Joseph fue diagnosticado con autismo cuando tenía tres años.

“[Walter] ha estado en varios equipos y estoy tratando de que esté acá”, comenta Quinchilla. “[El futbol] Le ayuda bastante a intregrarlo con los niños, a quemar energía y a su comportamiento. Tiene problemas de insomnio, no duerme y entonces cuando esta acá llega a la casa y está más relajado”.

Quinchilla es madre soltera y sus ojos concuerdan con sus palabras al afirmar que le hace muy feliz ver a sus hijos en el equipo y entrenando al parejo con el resto de niños.

En cuanto a Joseph, el futbol es tan importante para él que su madre asegura que el joven desearía entrenar de lunes a viernes, porque simplemente le encanta, pero este deporte no sólo le ha traído diversión a su vida. Quinchilla cuenta que, “le ha ayudado bastante, porque el problema de él es para socializar y le ha ayudado muchísimo, se ha integrado más, él es muy solitario y ahora le gusta estar con los amigos. Poco a poco he ido viendo el progreso”.

Para esta madre no hay excusa para no involucrar a sus pequeños en el deporte, y manda un mensaje a los padres de familia con casos similares.

“No tengan miedo, no tengan vergüenza, eso es lo que yo desde el principio no tuve. A pesar de sus discapacidades siempre los quise integrar. No tuve miedo. A mis hijos siempre los han acogido bastante bien”, concluye.

Joseph sueña con jugar con el Barcelona y con Brasil. Su ídolo es Lionel Messi, ya que lo considera “the best one”.

Como cualquier otro niño.