Los hispanos transforman el sur de Virginia

Su presencia en Virginia también abona debate sobre la necesidad de la reforma migratoria

Alejandro's Mexican Grill, un restaurant que contribuye a dar presencia hispana en Virginia.
Alejandro's Mexican Grill, un restaurant que contribuye a dar presencia hispana en Virginia.
Foto: ImpremediaMaría Peña

ROANOKE, Virginia.— Estela González escapó de Cuba junto con su esposo Manuel en una raquítica lancha en 1994 y se asentó en Roanoke, en el sur profundo de Virginia, un año después. Desde 2010, atiende a miles de comensales en su restaurante “Cuban Island”, contribuyendo a la prosperidad económica de la región.

González es una de cerca de 20 mil hispanos anclados en el sur de Virginia, transformando el rostro y la economía de esta zona rural.

“Pasamos siete días y seis noches en el mar sin brújula, al prodigio de Dios, pero unos delfines nos protegían y empujaban la lancha… llegamos acá, trabajamos muy duro día y noche, vendíamos comida en un camioncito y ahorramos para abrir este negocio en agosto de 2010”, dice con una sonrisa González para resumir su odisea.

“Cuando llegué, en este pueblo había muy pocos latinos. Me gusta porque es muy tranquilo… nunca he sentido discriminación”, agrega González, al atender a clientes hondureños que llegaron en busca del son cubano y de platos típicos como “ropa vieja” y “congrí”.

Su historia es cada vez más común también en la ciudad de Harrisonburg, en el Valle de Shenandoah, donde los latinos, en particular los mexicanos y centroamericanos, aportan su mano de obra en las plantas procesadoras de pollo, en granjas, en construcción, en viñedos y también como pequeños empresarios.

“Acá demostramos que no somos una carga, sino un beneficio. Sin los hispanos, muchos trabajos no se harían, porque pagan poco y son difíciles. Mi esposo es americano y ha aprendido mucho sobre quiénes somos”, dijo Yanett Cardozo, originaria de Guanajuato y que atiende el pequeño negocio de su hermano, “Buena Vista Grocery”, vendiendo alimentos y artesanías mexicanas.

Luis Alonso Padilla, un hondureño licenciado en sociología, asegura que la creciente presencia hispana ha disparado la demanda por servicios sociales en Harrisonburg —ya hay misas en español los domingos— y, por lo general, la región les ha abierto las puertas.

“Hay mucho apoyo de las organizaciones y la Iglesia tiene una labor de acompañamiento… la cercanía de la ruta 81 ha traído pandillas desde Washington, y eso crea fricciones entre conservadores y progresistas, pero nuestra influencia ha sido positiva”, señaló Padilla, casado con una norteamericana y padre de dos hijas nacidas en EEUU.

La presencia hispana, en particular de los indocumentados, también anima el debate migratorio, según Pablo Cuevas, presidente de la junta de supervisores del Condado Rockingham.

“Los hispanos han revitalizado la economía rural y se están abriendo camino en otras áreas, y eso hay que aplaudirlo. Pero también tiene que haber un cambio cultural en personas que traen problemas de beber en público o de tráfico de drogas, y no respetan las leyes”, observó Cuevas, de origen cubano.

Según datos del Censo, la población hispana se ha disparado de forma exponencial en las ciudades que integran el distrito electoral del legislador republicano Bob Goodlatte. Solo en Roanoke, creció un 280%, de 1,405 en 2000 a 5,345 en 2010.

Goodlatte, presidente del Comité Judicial de la Cámara de Representantes, reiteró su postura sobre la estancada reforma migratoria: “Tenemos que evitar los errores de pasadas reformas y cumplir nuestra promesa al pueblo estadounidense de que resguardaremos la frontera y haremos cumplir las leyes”.

“No debemos imponernos un cronograma arbitrario”, dijo Goodlatte, al reiterar la desconfianza de su partido hacia el presidente Barack Obama.

Ambos partidos comparten responsabilidad por la inacción en el frente migratorio y deben buscar una solución consensuada, porque es lo que merecen los hispanos que trabajan duro por el bienestar de Virginia y del país, afirmó Cuevas.