La Misión está a la venta

Mientras unos aprovechan la "burbuja" inmobiliaria para vender sus casas, otros se resisten a dejar el barrio hispano de San Francisco
La Misión está a la venta
La señora María dice que es acosada por inmobiliarias para que venda su casa en el barrio de la Misión; ella se niega a traspasar su propiedad asentada en la calle Folsom y 23.
Foto: Ricardo Ibarra / El Mensajero

SAN FRANCISCO.— Adquirió su casa por $170,000 en los años noventa. La acaba de vender por $1 millón en efectivo. Casi seis veces su costo original, casi 20 años después.

La demanda de vivienda en el barrio de la Misión “está en una burbuja”, nos comentó en la sala de su casa recién vendida la señora Hurtado, que aprovechó la especulación del mercado inmobiliario para traspasar su propiedad, y que por razones de seguridad omitimos su nombre completo.

Este vecindario de San Francisco, famoso por la presencia de las ‘gangas’ que disparaban plomo a diestra y siniestra, reciben desde hace meses nuevos inquilinos asociados con compañías desarrolladoras de nuevos productos y servicios para internet.

Mark Zuckerberg, el dueño de Facebook, adquirió un inmueble cerca de Dolores Park, al lado oeste de la Misión. La compañía con el servicio de búsqueda más grande en internet, Google, compró un edificio en la zona norte, y en el corazón del barrio la disputa por la vivienda es feroz.

Según el portal de empleo Glassdoor, un ingeniero de software en San Francisco obtiene ganancias de $95,000 a $173,000 anuales. En Facebook, un manager puede obtener hasta $180,000. En Google, hasta $185,000. En Twitter, un desarrollador obtiene un jugoso pago de entre $84,000 y $165,000. Y muchos de ellos quieren vivir entre la cultura que genera la diversidad étnica en la Misión.

“Yo no sé a qué se dedica el señor. La verdad es que no le pregunté”, dijo doña Hurtado, oriunda de Oaxaca, México. Lo que sí sabe es que los nuevos propietarios del espacio donde crecieron sus cuatro hijos son europeos. Ella es de España. Y él es originario de Italia. Se flecharon uno al otro en Londres e inmigraron a San Francisco. Después de ver un alto incremento del costo de renta en la calle Guerrero, donde vivían, también en la Misión, decidieron buscar un sitio para hacer crecer a la familia dentro del mismo distrito.

En los años noventa, las ‘gangas’ o pandillas marcaban su territorio a balazos. Al hijo de la señora Hurtado lo mataron a sólo unas cuadras de su casa asentada en la calle Bryant. “Aquí afuera de la casa se juntaban unos. Hubo mucha gente que mejor vendió en ese tiempo”. Pero ahora, el inmejorable clima del barrio, casi siempre soleado en la ciudad de los fríos vientos y la neblina, tiene a un mercado impaciente por hacer negocios.

Cuando Hurtado y su esposo pusieron su finca a la venta, en dos semanas atrajeron a decenas de potenciales compradores. “Iban y venían. Salían unos, entraban otros, y otro y otro. Era un mar de gente”, recuerda. De un precio total de $845,000 recibió una oferta de $850,000 en dinero efectivo. Pero al día siguiente no pudo rechazar la oferta de la pareja con una hija recién nacida, por un $1 millón cash.

Con sus hijos ya grandes y con sus propias familias en otra ciudad de la Bahía, Hurtado decidió aprovechar la demanda de casas como la suya y, finalmente, desde 2009 que tenía la idea de deshacerse de su hogar en San Francisco, la vendió, en menos tiempo de lo que esperaba.

“Para qué me voy de aquí”, pregunta la señora María, frente a su domicilio ubicado en la calle Folsom casi esquina de la 23. Ella, a diferencia de Hurtado, no quiere vender la casa que habita desde los años setenta, “casi toda mi existencia”, cuando la tecnología de vanguardia era la imprenta, la radio y la televisión a color.

A cada lado de su finca, hay dos casas en remodelación. Los desarrolladores de la firma Pegasus Real Estate, dice, la acosan constantemente para que venda lo que considera su patrimonio y la herencia para sus nietos. “Uno, como latino piensa en su familia. Y esta casa va a ser para mis nietos. Para que ellos no sufran tanto. Uno siempre piensa en la herencia, lo que va dejar atrás. Mis hijos, como quiera, ya están grandes. Pero mis nietos”.

En la calle frente a su casa fue grabada la popular serie setentera The Streets of San Francisco, recuenta una mañana ahí frente a la fachada verde de su residencia. Todavía con su bolso bajo el brazo, señala las casas vecinas frente a ella, bajo los frondosos árboles de la Folsom. “Ahí vive una brasileña, la de ahí es colombiana, los de ahí son salvadoreños, y todos me dicen que ahora les han querido comprar. Yo les digo que por favor lo piensen dos, tres veces antes de cometer el error de vender la propiedad; el dinero se va muy rápido”.

Además, María se queda en la Misión, dice, porque “me gusta vivir entre la gente latina, entre mi lenguaje, la cultura latina. Por ningún dinero cambiaría yo vivir ahí. No me gustan otras comunidades, no me gustan. El dinero, pues es dinero, nada más”.