Alejandro Nieto, la nueva sangre derramada

El cambio demográfico en el distrito de la Misión le cuesta dinero y sangre a la comunidad hispana de San Francisco
Alejandro Nieto, la nueva sangre derramada
¿Quién será el próximo? El asesinato de jóvenes hispanos en el distrito de la Misión en San Francisco es una constante; en la imagen, una ceremonia de despedida a Alejandro Nieto en Bernal Hill.
Foto: Marc Hors / El Mensajero

SAN FRANCISCO.— Alejandro Nieto, se llamaba. Vivió en Bernal Heights toda su vida. Tenía 28 años. Practicaba el budismo. Era guardia de seguridad privada. En CCSF atendía las clases de Justicia Criminal. Pero nunca será ese agente que quería ser y para el cual se preparaba. Múltiples impactos de bala disparadas por la policía de esta ciudad contra su cuerpo dejaron frías sus aspiraciones en la vida. Murió en Bernal Hill la noche del viernes 21 de marzo.

La comunidad ha reaccionado a esos 14 impactos de bala en el cuerpo de Alejandro como si fuera una amenaza contra todos. Jazmín Morelos, productora recién galardonada con el premio Mujeres Destacadas, escribió en su muro de Facebook: “Otra persona muerta porque el color de su piel le hacía parecer sospechoso a los nuevos residentes de lo que solía ser un barrio predominantemente latino (Mission District). Ellos nos están eliminando a través de los desalojos y el asesinato”.

El distrito de la Misión transita por un cambio demográfico caracterizado por los continuos desalojos de familias de clase trabajadora, donde gente con mayor capacidad económica está dispuesta a pagar miles de dólares por un espacio habitacional, donde antes las familias pagaban unos cientos.

Jason Wallach, activista del Área de la Bahía, hizo un comentario en la misma red social que en minutos se volvió “viral”. La policía local “no tuvo en cuenta la fuente racista del miedo que motivó a los (sobre todo) residentes blancos —paseantes de perros— que frenéticamente llamaron a la policía a causa de la presencia de Alejandro”.

La versión popular es que Alejandro comía un burrito en la ladera de Bernal Hill, antes de partir a su trabajo que desempeñaba como agente de seguridad privada, mismo que le permitía portar un arma eléctrica “taser” alrededor de la cintura.

“La cruel ironía”, continuó Wallach, “es que su trabajo consistía en proporcionar una sensación de seguridad para los clientes en un restaurante-bar, para que ellos pudieran comer en paz. Pero la presencia de Ale —su sola presencia en el barrio en el cual creció— fue suficiente para crear un sentido de inseguridad para sus vecinos recién llegados… Y por eso no sólo no podía comer en paz, sino a causa de ello es que Alejandro esté ahora descansando en paz”.

La sangre tiene un proceso cíclico en este barrio. Por estas fechas, a principios de abril de 2013, el joven estudiante hispano Jacob Valdiviezo fue asesinado afuera de su casa en la calle Bryant. Las protestas de la comunidad no han sido suficientes. La charla con el jefe de la policía de San Francisco, Greg Suhr, en la escuela primaria César Chávez, tuvo un alto nivel de tensión, sobre todo cuando Suhr aseguró que los elementos policiales actuaron en defensa propia.

Greg Suhr alegó que Alejandro Nieto apuntó su “taser” a los policías que atendieron la llamada de los nuevos residentes de Bernal Heights, “obligándolos” a disparar en múltiples ocasiones: “Dispararon en defensa de sus propias vidas”, dijo.

Roberto Hernández, activista del distrito de la Misión llamó a la comunidad para reclamar justicia en el caso, el sábado 29 de marzo a partir de las dos de la tarde en Mission Cultural Center (2868 Mission Street). “Demandamos justicia para Alejandro. ¡Basta ya!”, alertó.