‘César Chávez’ es sincera, pero no apasiona

'César Chávez' ofrece un retrato sincero pero escasamente apasionante del líder sindical
‘César Chávez’ es sincera, pero no apasiona
Michael Peña es César Chávez y Rosario Dawson, Dolores Huerta, en el filme de Diego Luna.
Foto: Pantelion Films

Diego Luna sabe lo que hace. El actor confirma un indudable estilo y visión como cineasta en César Chávez, su segundo largometraje como director (tras Abel, y sin contar el documental J.C. Chávez), en el que recorre los años de lucha sindicalista del célebre líder méxico-americano.

La elegancia formal de la puesta en escena, la simplicidad de su narrativa visual, sin ejercicios de virtuosismo escénico y siempre al servicio de la historia son los elementos más destacados de la cinta, que se estrena hoy y ha sido clasificada PG-13.

No obstante, en César Chávez existen demasiados obstáculos para decir con firmeza que se trata de un buen filme… dejando la sentencia en simplemente correcto.

¿Por qué?

No es difícil ver en la película los gérmenes de una historia más contundente acerca de los eventos que llevaron a la firma de contratos de los trabajadores inmigrantes del campo en la California central de los años 70 (el caso más acertado de Milk —otra cinta biográfica sobre un líder político—, con Sean Penn y, curiosamente, Diego Luna, viene a la mente).

También existen indicios de un drama familiar emotivo, el que relaciona al personaje protagonista (interpretado porMichael Peña) con su esposa Helen Chávez (América Ferrera) y sus hijos, especialmente Fernando (Eli Vargas).

Pero, por desgracia, sólo son pinceladas que nunca aparecen bien definidas, y es por dos motivos.

Por un lado, su guión, complaciente y sumiso a unos acontecimientos históricos a los que no aporta energía ni sentimiento revolucionario (desde una perspectiva visual, salvo en ocasiones dispersas, como el viaje de Chávez a Londres), lo que perjudica al ritmo del relato, que termina acusando una notable morosidad (las comparaciones son odiosas, pero Reds, de Warren Beatty, hubiera sido una perfecta referencia para Luna y sus colaboradores).

Y por otro, sus actuaciones, como mínimo irregulares, que van desde un Michael Peña pasivo e impávido —no estamos ante el típico retrato de un héroe, pero no se hubiera echado en falta algo más de entusiasmo en su interpretación—, hasta una selección chirriante de secundarios.

John Malkovich, en el papel del empresario Bogdanovich, diana del boicot organizado por Chávez, es quien aporta el mayor grado de veteranía y acierto en su actuación (la escena en la que recuerda que él es también un inmigrante es impecable); pero intérpretes como Gabriel Mann, en el papel de su hijo y heredero de su fortuna, o Jack Holmes como el senador Robert Kennedy parecen residir en otro largometraje.

Tanto América Ferrera como Rosario Dawson, ésta dando vida a la mano derecha de Chávez, Dolores Huerta, nunca tienen ocasión de desarrollar sus personajes más allá de instantes breves y escasamente trascendentes.

Si algo hay que añadir, a su favor, es que César Chávez es una producción de indiscutible calidad, elegante y artesanal, que debería abrir las puertas a Diego Luna de proyectos con, esperemos, mayor brío.