Colosio: 20 años después

Lo preocupante es que el clima de impunidad por el que son abatidos políticos y líderes sociales continua
Colosio: 20 años después
Colosio fue asesinado el 23 de marzo de 1994.
Foto: Agencia Reforma

México

Ahora resulta que las viudas de Colosio sabían que lo iban a matar, al cumplirse 20 años del asesinato leemos en muchos lados, la opinión de los que quieren seguir medrando con protagonismo ajeno, que lo alertaron de la posibilidad de que lo asesinarían.

¿Por qué se esperaron tanto tiempo para avisarnos que contaban con información de inteligencia de ese nivel?, ¿por qué no le avisaron a las autoridades correspondientes para evitar el crimen?, ¿por qué no hicieron público quién lo quería matar, para sacarnos de la zozobra de no saber quién tuvo ese poder y que en principio sigue impune? Y no menos importante, ¿cómo supieron que lo iban a matar?

Leemos que Colosio rechazaba las medidas de seguridad y tal vez tenía razón. Según ciertas doctrinas de seguridad, si alguien está dispuesto a cambiar su vida por la tuya, té matará; eso por no hablar de traiciones dentro del propio grupo que pueden llevar al asesinato. Desde la perspectiva política, Colosio estaría en lo correcto en no marcar grandes distancias con la gente, porque una de las señales de nuestro tiempo es que los políticos se escudan tras grandes medidas de seguridad alejándose del pueblo.

Acaso Colosio, quién se supone contaba con la colaboración del aparato de seguridad del Gobierno, estaría informado que su seguridad estaba garantizada, le dijeron que había peligro y el lo descartó, o ¿le ocultaron que su vida corría peligro? Siempre cabe la posibilidad de que alguien valorara de forma equivocada los riesgos, o que la traición se hubiera filtrado en ese nivel y se haya ocultado el plan de matarlo. De ser así, aquellos que estaban involucrados siguen vivos y deben hablar. Muchos otros que estuvieron en contacto con el tema, al parecer fueron borrados de la faz de la tierra. Hay quién especula que eso es lo que motivó el asesinato de Ruiz Massieu, quién algo sabría del crimen.

Más allá de caer en las elucubraciones y especulaciones, sigue siendo importante preguntar sobre ¿quién lo mató? Una postura algo simplona se concentra en preguntar ¿quién se benefició? Y la respuesta es compleja, porque muchos pudieron haberse beneficiado, no ser cómplices y ni siquiera desear el crimen. He escuchado que Zedillo se benefició porque resultó presidente, ¿en realidad podemos creer una explicación de este tipo?

La otra vertiente consiste en indagar ¿quién perdió? Ahí la lista de nuevo es muy amplia, empezando por las viudas, o sea todos aquellos que se hubieran beneficiado de la llegada de Colosio al poder y siguiendo por Salinas que vio caer a su delfín y con él, al parecer, según algunos, parte importante de su proyecto; porque en lo económico Zedillo siguió al pie de la letra el guión neoliberal. ¿La lista de perdedores balancea la de ganadores?, el cálculo no puede ser mecánico.

El asesinato de Colosio hay que ponerlo en el contexto del crimen político en general. Habíamos estado acostumbrados a ver asesinatos como parte de la represión del régimen contra los opositores; en el Gobierno de Salinas asesinaron entre 300 y 400 miembros del PRD, había un clima de crimen que se pensaba no tocaría al PRI, y podemos pensar que generó una idea de impunidad que propició que alguien se atreviera a golpear al corazón mismo del poder priista. Aunque viéndolo bien, al sistema priista y al país le hizo poco, la vida siguió su rumbo y algunos factores de poder se acomodaron, mientras la sociedad en general pareció quedarse con la impresión de que fue un pleito de familia, porque no se modificaron los elementos que benefician a los grandes intereses económicos.

Lo preocupante es que el clima de impunidad por el que son abatidos políticos y líderes sociales continúa. Seguimos leyendo sobre el asesinato de presidentes municipales, aunque ahora se trata de hacer aparecer que los crímenes son obra del crimen autorizado, por este me refiero a una asociación estrecha entre criminales y miembros de instituciones de Gobierno.

Últimamente han asesinado a líderes panistas, el último fue Gustavo Garibay García, presidente municipal de Tanhuato en el Estado de Michoacán. Algún periódico tendenciosamente dijo que era cercano a la senadora María Luisa Calderón, ¿qué trataba de sugerir?

Todavía se duda de que Aburto sea Aburto y de la tesis del asesino solitario, debe preocuparnos que no sean detenidos los asesinos de tantos políticos y líderes sociales.

Las señales que da el asesinato político es no solo de barbarie, sino de una política inmadura, del predominio de la impunidad, debilidad de las instituciones que deben aplicar la ley y hacer justicia; mientras nos confirma que nos alejamos de la democracia; cada crimen acerca al autoritarismo y nos hunde en la penumbra política.