El saber envejecer

Creo que sin cambiar la naturaleza de los hombres, podemos modificar y moldear su actitud ante la vida para que su vejez sea mejor

El saber envejecer
Se olvida que estando en la cima no hay más camino que para abajo y no nos preparamos para que esa "bajada".
Foto: Morguefile

Burbujas

No a todo el mundo va a agradarle el tema que vamos a tratar hoy. Y no es fácil, porque hablo de verdades tristes que no nos gusta oír.

Se nos olvida que cada día que pasa es un día que tenemos que sumar a nuestra edad, y que este agregado se vuelve más dramático entre más edad se tiene.

He estado en un hospital de rehabilitación tras el accidente que tuve, en el que la mayor parte de los pacientes tienen menos años de edad que yo, pero su situación refleja que están viviendo el final de su vida, y tal vez no en la forma que hubieran querido.

Si nos ponemos a pensar que tarde o temprano todos vamos a necesitar apoyos cuando la edad nos lo demande, es verdaderamente trágico nunca prepararse para esa eventualidad sino solo reaccionar ante hechos contundentes como el accidente que tuve.

Extendiendo este pensamiento más allá del confín hospitalario en que me encuentro, me he puesto a pensar seriamente que es lo que pasa con los viejos en el resto del mundo, y me he encontrado con la sorpresa que entre más primitiva sea la tribu, más cuidado tienen con sus ancianos, y entre más civilizados pensamos que somos, procuramos que existan instituciones que puedan hacerse cargo de ellos sin que en realidad estemos involucrados nosotros. Por supuesto, nada tiene que ver con la riqueza de los países sino con su manera de ver la vida y la importancia que se da a los ancianos.

En el caso de los Estados Unidos y de los países más desarrollados, las personas pasan por una época de preparación (escuelas, universidades, etc.), un periodo de iniciación profesional que es cuando tenemos nuestros primeros trabajos, y uno de realización, si es que así se le puede llamar, cuando llegamos a la cima de lo que nosotros pensábamos poder hacer en esta vida.

Se olvida que estando en la cima no hay más camino que para abajo y no nos preparamos para que esa “bajada” se viva con gran intensidad. Por supuesto que se reduce la capacidad física de hacer cosas, pero la capacidad intelectual no tiene porque disminuir al mismo ritmo, y no debiera perderse el deseo de participar activamente en la parte de la vida que te falta por transitar.

Por otro lado, vemos a nuestros hijos o nietos que están en el mismo camino ascendente en el que estuvimos nosotros años atrás sin que podamos o queramos hacerles ver que tienen que cuidar la parte final de su vida, desarrollando una cierta madurez y actitud que les va ayudar en esa etapa.

Y quiero mencionar un fenómeno social interesante que tiene que ver con la edad.

He vuelto a leer y releer algunos de los libros antiguos y me encuentro con que quienes manejaban la política y los gobiernos no eran los jóvenes sino los ancianos, que por el mismo paso de los años podían ver los problemas desde otro punto de vista totalmente distinto. Había pasado ya su época de “guerreros”, época en la que lo que lo que lucía era la fuerza y la capacidad de imponerse a otros. En tiempos de los romanos y de los griegos, los senadores (de senil) eran las personas de más edad que no se dejaban arrastrar por las pasiones de algún momento sino que gobernaban de alguna forma serenamente y con paz.

Hay un error político en algún lado si entre los actuales senadores hay muchos jóvenes que están aun en la etapa de su vida cuya ambición es superior a sus conocimientos y capacidad. Eso podría estar bien para los que nosotros llamamos diputados que entran y salen en forma transitoria al Congreso y que pueden representar todas las corrientes políticas del momento, pero los senadores deberían ser siempre personas mayores, realizadas, y maduras.

Volviendo a mi estancia en este lugar, quiero mencionar que lo que he visto y vivido me pone a reflexionar. Sé que es difícil, pero debe haber alguna forma en que los ancianos puedan vivir los últimos años alegremente y morir en tranquilidad y paz, cosa que actualmente no sucede porque en muchas casas ya no se sabe que hacer con las personas de mayor edad. No puedo dejar de mencionar que si es deprimente para el observador debe ser también triste y deprimente para quien vive esa impotencia y esa soledad que se agrava cada día que pasa.

Es interesante analizar que las personas se van desarrollando y sus intereses cambian con la edad, así como el interés que los demás tienen para con ellos, también cambia cuando ellos envejecen.

No creo que podamos cambiar la naturaleza de los hombres pero si creo que podemos modificar y moldear su actitud ante la vida para que su vejez sea mejor. Los jóvenes deben prepararse para cuando sean viejos, deben mantenerse activos física e intelectualmente, deben mantener contacto con las generaciones que vienen atrás, y deben dejarse tocar por los avances tecnológicos aunque les sean incomprensibles.

Lo que pienso que es vital en la etapa final de cada una de nuestras vidas es estar lleno de amor y cariño que cultivamos a través de los años. Pero el cariño se siembra y desarrolla, no hay dinero que lo compre.