Gases y represión contra Machado

Concentración fue disuelta en Caracas con bombas lacrimógenas
Gases y represión contra Machado
La dirigente opositora venezolana María Corina Machado (cen.) asiste a una concentración pacífica de manifestantes en Caracas (Venezuela).
Foto: EFE

El chavismo reprime en la calle, golpea en el Parlamento y da el visto bueno a la persecución política ordenada por Nicolás Maduro a través del Tribunal Supremo. Y todo ello en unas pocas horas.

La concentración pacífica de solidaridad con la diputada María Corina Machado fue disuelta ayer con una tormenta de bombas lacrimógenas, a varios kilómetros de la sede de la Asamblea y cuando no había dado un solo paso en su camino imposible al centro de la ciudad.

“¡Pa´la Asamblea!”, se escuchó en las gargantas de los estudiantes. Hasta allí llegaron. La Policía Bolivariana aprovechó los discursos de los políticos, rodeando la manifestación de forma sigilosa. Sin violencia, pero con decisión, jóvenes, personas mayores, vendedores y diputados se encararon frente a la barrera humana formada por los policías.

Dos dirigentes opositores decidieron hablar con la Policía en busca de algún tipo de solución. El diálogo se prolongó 90 segundos, hasta que comenzaron a disparar el famoso “gas del bueno”. Entre las primeras filas la propia Machado, que durante varios segundos sufrió un ligero desvanecimiento. Un pañuelo con vinagre, que apareció en manos de uno de los jóvenes que le acompañaba, le ayudaron a respirar.

“¡Fuerte represión!”, se quejó el alcalde metropolitano Antonio Ledezma, uno de los aliados más cercanos a Machado. “Se desesperan al ver que no pueden con el bravo pueblo en la calle y reprimen una manifestación pacífica”, añadió.

Machado, acompañada por varios diputados opositores y sufriendo todavía los efectos de los gases, abordó un grupo de motocicletas y emprendieron camino, a toda velocidad, hacia la Asamblea.

En el escenario de la pequeña batalla, grupos de personas se recuperaban como podían del efecto de los gases. Los estudiantes emprendieron camino hacia otra zona de la ciudad, dispuestos a protestar por la enésima represión policial, tan violenta como siempre.

Empezaba una batalla callejera que se prolongó hasta la noche. Al cierre de esta edición se reportaban al menos 15 detenidos y varios heridos.

Una vez en el exterior del Parlamento, Machado y sus acompañantes se encontraron con las puertas cerradas y con los insultos de los simpatizantes chavistas.

Un enorme dispositivo de la Guardia Nacional fortificaba la Asamblea. El diálogo, de nuevo, de nada sirvió. Mientras, un grupo de oficialistas rodeaba a los recién llegados. “¡Asesina, traidora, imperialista!”, gritaron a la diputada. La tensión que crecía obligó al grupo a abandonar el lugar.

Minutos antes, durante la concentración, Machado lanzó una pregunta al aire que también le hubiera servido en el discurso parlamentario que nunca llegó: “¿Por qué me quieren callar? ¿Por qué lo quieren hacer hoy? Porque le tienen terror a la verdad y al pueblo que está en la calle, que lucha por la libertad”.

Cientos de simpatizantes aplaudieron a rabiar las palabras de la diputada, la última pieza de caza mayor cobrada por el chavismo en su afán de persecución política.

Machado, una de las asambleístas más votadas del país, fue desposeída manu militari de su escaño por Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea.

Hasta el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) le ha dado la razón al jefe militar del chavismo, al dictaminar que la investidura parlamentaria de Machado quedaba sin efecto. Una decisión a la medida del oficialismo que no sorprende: en la última década el TSJ no ha escrito en Venezuela una sola sentencia en contra del poder.

En su fallo, el máximo órgano judicial afirma que la intervención de Machado en la OEA ocupando el puesto de Panamá resultó “una franca contradicción con los deberes como venezolana y como diputada a la Asamblea”. Por lo tanto aceptó un cargo de un gobierno extranjero y por eso perdió su investidura.

Un fallo, de nuevo, claramente inconstitucional. Primero, porque según José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, Machado participó en el debate sobre Venezuela como “diputada venezolana”. Y segundo, porque la orden de Cabello, apoyada ahora por el TSJ, olvida la inmunidad parlamentaria y el derecho a la defensa de la diputada.

“El TSJ recibe una demanda, la declara inadmisible, pero igual aprovecha para interpretar la Constitución y declarar algo que no se le pidió. Ya ni se molestan en guardar un poco las formas: la sentencia asume plenamente la tesis de Diosdado Cabello”, confirmó el jurista Mariano de Alba, quien insiste en que el tribunal no presentó ni una sola prueba de peso y que presentaron una reseña de prensa de un medio desconocido en Internet para probar la supuesta acreditación de Machado en la OEA.