Conflicto Belice-Guatemala empeora

Las decisiones equivocadas del gobierno de Guatemala están costando vidas de guatemaltecos en Belice

Conflicto Belice-Guatemala empeora
El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina.
Foto: EFE

Mark Twain decía que “una mentira le puede dar media vuelta al mundo mientras la verdad [apenas] se está poniendo los zapatos”. Y hoy la frase retrata la postura actual de Guatemala en el conflicto territorial con Belice.

El 29 de marzo pasado, el guatemalteco Tomás Desdicho Ramírez perdió la vida cuando un soldado de Belice le disparó en el Parque Nacional Chiquibul, reserva natural y área protegida de ese país. El guatemalteco estaba allí sin autorización, portaba un arma de fuego ilegalmente, resistió arresto y, supuestamente, disparó al soldado primero. Debido a este suceso, se suspendió una reunión en Guatemala para continuar la discusión de una solución pacífica al conflicto, que podría ser dirimido en la Corte Internacional de Justicia.

El caso de Ramírez es el cuarto ocurrido en los últimos dos años en circunstancias parecidas, salvo por la ubicación. Pero estas muertes tienen más que ver con la falta de recursos para el sustento diario que padecen muchos guatemaltecos, y que buscan en Belice, México y EE.UU., y poco o nada con el conflicto territorial.

Cuando Belice era colonia inglesa, Inglaterra se comprometió a construir una carretera que ofreciera acceso desde Petén (norte de Guatemala) hacia la costa del Mar Caribe, en Belice, si Guatemala cedía la mitad del territorio que ahora es Belice. Cuando Inglaterra incumplió el acuerdo, Guatemala reclamó el territorio cedido. Guatemala sostuvo el reclamo después que Belice se independizó en septiembre de 1981. La zona de adyacencia, un kilómetro a cada lado de la frontera suroccidental de Belice, se delimitó como un arreglo temporal donde no se admite incursión armada de Guatemala o Belice.

Esta semana, el canciller de Guatemala, Fernando Carrera, dijo a la prensa guatemalteca que Belice es responsable en el caso de Ramírez porque el hecho ocurrió en ese país (3.4 kilómetros adentro). También dijo que hay una política de “tolerancia cero con muertes de guatemaltecos en el extranjero”. Pero no explicó cuanta tolerancia espera de Belice ante la incapacidad de Guatemala en asumir su responsabilidad por los guatemaltecos que delinquen en Belice.

Carrera tampoco explicó cuánta tolerancia deben tener los guatemaltecos cuyas necesidades básicas no satisface el Estado de Guatemala, y los empuja a violar las leyes migratorias y laborales de otros países para sostener a sus familias.

En el caso de Ramírez, el gobierno guatemalteco parece más indignado por lo que otro país le hace a los guatemaltecos que por lo que éste no les provee. Desafortunadamente, Belice tampoco ha sido todo lo claro que debiera ser. En 2012, aparentemente no reveló que algunos de los invasores guatemaltecos están armados porque—según reportes de prensa—el canciller beliceño Wilfred Erlington se comprometió a que los soldados en la frontera utilizaran balas de goma. Para bien o para mal, el caso del pasado 29 de marzo comprueba que el compromiso se incumplió. De lo contrario, quizá el muerto hubiera sido un soldado beliceño. Entonces, Guatemala sí hubiera debido explicar el ingreso ilegal de guatemaltecos armados a Belice.

Erlington tampoco admitió que el caso de otro guatemalteco muerto por soldados beliceños (en octubre de 2012) ocurrió siete kilómetros adentro del territorio de Belice, cuando Guatemala insistió en que fue en la zona de adyacencia. Esto se confirmó por la demora en recuperar el cuerpo dado lo inaccesible del terreno, sólo transitable en tractor.

La Cancillería en Guatemala tampoco menciona a los guatemaltecos encarcelados en Belice, sorprendidos en territorio beliceño mientras depredaban la reserva ecológica de Chiquibul (de madera de cedro y caoba, palma de Xate, y oro), o hasta cultivaban maíz y calabaza sin autorización (este último, el caso de Ramírez). Ellos no portaban armas de fuego, o no resistieron su captura, por lo tanto ninguno fue herido o murió baleado por soldados beliceños.

Así que quizá sea una buena idea que Guatemala se siente a la mesa con Belice hasta que reconozca su responsabilidad en el paso ilegal de guatemaltecos indocumentados a Belice. También sería bueno que la información que el Ministerio de Seguridad Nacional de Belice tiene de las muertes de los guatemaltecos en Belice, a manos de soldados beliceños, sea la misma que la Cancillería de Belice comparte con Guatemala—no una versión diplomáticamente moderada.

Los campesinos guatemaltecos denuncian agresiones de soldados beliceños en la zona de adyacencia, pero eso no explica el comportamiento de los guatemaltecos encarcelados o muertos en Belice. Guatemala también debe pensar mejor en las soluciones que aplica. Esta semana, el Gobierno guatemalteco anunció que enviará más soldados a la frontera con Belice. Esto difícilmente evitará que los guatemaltecos ingresen a Belice sin permiso.

Como ocurre con los migrantes guatemaltecos muertos o desaparecidos en México y EE.UU., las decisiones equivocadas del gobierno de Guatemala están costando vidas de guatemaltecos en Belice. Balas disparadas por soldados beliceños les quitaron la vida, pero los asesinó y les falló es el Estado de Guatemala. Quizá nunca lo admita, pero es un hecho que no necesita difusión alrededor del mundo para ser verdad.