El ‘Sur-Centro’ no se ha ido de Los Ángeles

Un cambio de nombre oficial no arregla problemas de un vecindario

El ‘Sur-Centro’ no se ha ido de Los Ángeles
Residentes del Sur esperan cerca de la esquina de la 45 y Broadway para recibir alimentos de una iglesia.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

En los 34 años que Rafael Chávez ha vivido y trabajado en las calles 25 y 46, respectivamente, ha llamado a esa zona “Sur-Centro”, un nombre que oficialmente cambió por el de “Sur de Los Ángeles” en 2003, con la idea de quitarle el estigma de alta criminalidad y marginación.

“Si no me dices ni cuenta me doy”, dice Chávez, mientras atiende a los clientes en su tintorería.

Minerva Rosas, una michoacana que llegó al vecindario hace 15 años, tampoco sabía de la modificación. “Siempre le he dicho ‘Sur-Centro’; así lo conocemos aquí”, comenta.

Para estos y otros angelinos, el “Sur-Centro”, un segmento de 16 millas cuadradas al sur de la carretera 10, sólo ha desaparecido del mapa oficial. Para otros, el progreso se quedó en buenas intenciones.

“No es ni un cambio cosmético, porque esta parte de la ciudad se mira igual”, asegura Ron Gochez, vicepresidente del Consejo Vecinal del Sur-Centro.

Ni hospitales, ni escuelas de calidad, ni un cine han llegado a la zona en la última década, reclama el también profesor. “Tengo alumnos que no tienen ni un dólar para comprar un cuaderno”, cuenta.

El 30% de los habitantes del Sur de Los Ángeles son pobres, casi la misma proporción que en la década de 1990 (cuando estallaran los disturbios que —según expertos— fueron resultado del hartazgo social) y casi el doble de la tasa del condado. Aquí, menos residentes tienen títulos universitarios, el ingreso de las familias es más bajo y el nivel de desempleo es más elevado que en el resto del municipio.

Si bien la violencia bajó, no se puede considerar una zona segura: en lo que va del año 14 asesinatos han ocurrido aquí, 62% menos que en 2012. Pero en el oeste angelino van cinco homicidios este año.

Alberto Retana, vicepresidente de la Coalición Comunitaria del Sur de Los Ángeles, cita mejoras en salud, seguridad pública, “un poco” en educación y —sobre todo— en la relación entre negros y latinos (quienes conforman el 57% de los vecinos, pero no obstante carecen de liderazgo político).

“Pero aún seguimos con el desempleo y muchos jóvenes no se están graduando de las escuelas”.

Para Jan Perry, la ex concejala que empujó el cambio de nombre, el propósito fue crear la imagen de una “comunidad familiar” que vive en paz, tiene empleo, adquiere casas y acude a escuelas de calidad.

“El punto es que inversionistas, constructores e inmobiliarias tienen más confianza en invertir en el Sur de Los Ángeles y eso cambia la dirección de la comunidad”, aseveró.

Su sucesor en el Cabildo, Curren Price, ha traído otro título a la región, “El Nuevo Nueve” (refiriéndose al número del distrito), aunque —subraya— su estrategia sí incluye un plan para erradicar el pésimo nivel de vida que “se mantiene sin cambios” incluso desde la década de 1960.

“Aunque sé que el cambio de nombre fue bien intencionado, una década después no estoy seguro que haya habido un impacto tangible en la comunidad“, dijo Price a La Opinión.

Rosas, quien trasporta alimentos en una carriola, sigue teniendo fe en este lugar que, resalta, seguirá llamando “Sur-Centro”. “A pesar de todo aquí estamos mejor que en México”, dice.