Cómodas pero peligrosas

Las chanclas o 'flip flops' pueden dañar los pies
Cómodas pero peligrosas
Las chanclas o chancletas no son apropiadas para caminar distancias largas.
Foto: La Opinión - Patricia Prieto

El frío y la lluvia ya se fueron y el look playero empezó a apoderarse de vitrinas y anuncios publicitarios, así como de los pies de niños, jóvenes y adultos con las coloridas chanclas o flip flop, conocidas en inglés.

Y es que no hay otro calzado como éste para anunciar el arribo del calor y del incremento de pacientes en las salas de emergencia por caídas graves, accidentes automovilísticos o laceraciones en los pies.

Año tras años, los podólogos alertan a la población de que las chanclas no son lo más recomendable para ser usadas como calzado de diario por sus efectos negativos para la salud de los pies, pero la gente hace caso omiso. Así que en este Mes Nacional de la Concientización de la Salud del Pie vale la pena recordarlos.

“Las chanclas no deben usarse a diario ya que ofrecen muy poco apoyo y dejan sin protección a los pies”, dice la Dra. Silvia Arroyo, cirujana podiatra del Centro Médico de Kaiser Permanente en Baldwin Park. “Al ser un calzado de suela plana, no ofrece apoyo al arco natural del pie y pueden resultar en dolores en las rodillas, los tobillos, las pantorrillas, la espalda y hasta la cadera”.

Por estas razones es que solo están recomendadas para ser usadas en momentos específicos, como ir a la piscina o la playa, o tomar una ducha en un sitio público, ya que previene el contagio de infecciones a los pies. Pero las también llamadas ojotas (Argentina), slap (Perú), chola (Venezuela) o hawaianas (Chile) no están recomendadas para caminatas prolongadas.

La razón es obvia: al quedar el pie destapado en contacto con la tierra, el agua o el mismo sudor del pie (la mayoría de ellas están hechas de caucho) puede resultar en la formación de bacterias que crean hongos o el doloroso pie de atleta.

Las chanclas o chalas también crean ampollas y con frecuencia está asociado a caídas, lesiones de tobillo y hasta fracturas de huesos como resultado de tropiezos”, detalla la experta. “El uso de sandalias se debe limitar a un par de horas. Las personas con ciertas condiciones médicas, en especial quienes padecen de diabetes, no deben usarlas. Cualquier ampolla, cortada, puede ser peligrosa para su salud”.

El uso inadecuado de este calzado a largo plazo puede derivar en una fascitis plantar (inflamación del tejido conectivo del pie), una tendinitis (inflamación de un tendón) o un traumatismos en los dedos, por el esfuerzo que el pie hace cuando se camina al golpe de las chanclas.

Los peligros de las chalas se ven en un estudio que la National Foot Health Assessment, del Instituto para la Prevención de la salud del Pie, efectuó en el 2012, en el cual se señala que el 78% de los adultos de EEUU ha experimentado uno o más problemas de pie en su vida y una de esas causas es precisamente el uso de las chalas.

Así que, de ahora en adelante, con esta información, antes de vertir chalas o ponérselas a tus hijos para caminar durante todo un día, piénsalo seriamente dos veces.

¿Cómo usarlas y seleccionarlas?

Para no dañar los pies con el uso inapropiado de las chanclas, la Dra. Silvia Arroyo, cirujana podiatra del Centro Médico de Kaiser Permanente en Baldwin Park, aconseja:

  • Nunca usar las chanclas para caminar distancias largas.
  • Seleccionar algún modelo de las chanclas más recomendables, entre ellas las Birkenstocks, Dansko y SAS que apoyan al arco del pie.
  • Escoger chanclas elaboradas en piel. “Es menos probable que unas chanclas de piel de buena calidad provoquen ampollas u otro tipo de irritaciones”.
  • Seleccionar las que tienen suela fuerte.
  • Evitar las chanclas suaves que pueden doblarse por la mitad.
  • Cerciorarse que quedan a la medida del pie. “El pie no debe sobresalir por ningún lado de las chanclas”.
  • Estar atento a las señales de desgaste. “En cuanto haya señales claras de desgaste, es el momento de comprar otras”.

Prestar atención a tus pies. “No hay que ignorar la irritación que se produzca entre los dedos de los pies, que puede provocar ampollas y posibles infecciones”.

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