Gen de la infidelidad: biología de los cuernos

¿Alguna vez pensaste que la infidelidad podría ser genética? Encuentra aquí la información.

Gen de la infidelidad: biología de los cuernos
Foto: Shutterstock

La infidelidad ha sido estudiada a lo largo de los años especialmente por los campos de la psicología y la sociología, pero seguramente lo que ni sospechabas es que la ciencia y más específicamente, la genética, tiene mucho para decir.

Los estudios de Tom Insel

El investigador norteamericano comenzó su trabajo hacia 1980 y desde allí disparó una serie de interrogantes que otros científicos tomaron para seguir con su estudio. Básicamente, Tom Insel, descubrió de dónde puede nacer la fidelidad y su eterna detractora, la infidelidad.

Como los seres humanos no somos otra cosa que animales, Insel estudió dos especies de ratones que presentan conductas diferentes en cuanto a la monogamia. El ratón del campo, que es totalmente monógamo y hasta participa activamente en la crianza de los hijos, y el ratón del monte, que copula con cuanta ratona ande por ahí y luego las abandona, y ni hablar de los hijos, pues no los reconoce.

El científico decidió utilizar estos dos tipos de ratones por su conocida conducta en cuanto a las parejas a lo largo de sus vidas, y principalmente, porque son muy similares a los humanos. ¿Qué tienes de ratón? Aunque no lo creas, la química del deseo es idéntica entre humanos y ratones, ya que ambas especies activan la testosterona, la dopamina, la serotonina y la adrenalina para crear el coctel del amor, del enamoramiento. Pero, por otro lado, la vasopresina y la oxitocina tienen mucho que ver en el tema. Veamos juntas por qué.

Lo que descubrió Tom Insel

La vasopresina y la oxitocina son dos moléculas neurotransmisoras, y como tales, necesitan receptoras para poder funcionar. Lo que hacía que los ratones de campo fueran fieles y monógamos era que la distancia entre las moléculas neurotransmisoras y las receptoras era más corta que en los ratones del monte. La clave estaba allí, en el ADN y en el genoma.

¿Será igual para los humanos?

Cada descubrimiento científico, en vez de arrojar luz sobre algunos temas, parece que plantea más interrogantes. ¿Será verdad que el hombre que tenga poca distancia entre aquellas moléculas neurotransmisoras y sus receptoras o reguladoras será fiel? ¿El que la tiene más larga es infiel?

Ojalá los científicos pongan manos a la obra y demuestren de una vez qué es lo que está pasando. ¡Y que encuentren una cura! ¿No sería genial? Un marido amoroso y dedicado a la familia de por vida.

En tanto tendrás que conformarte con estos nuevos datos. Ahora, gracias al artículo de Ricardo Cabrera sabes que la raíz de su infidelidad puede ser genética. ¡Quién lo diría!