Locura en Texas

El candidato a vicegobernador Dan Patrick ha centrado su campaña en la “invasión” de los indocumentados
Locura en Texas
Dan Patrick, senador republicano de Texas.
Foto: Wikipedia

Inmigración

Todos los estados tienen sus problemas. California tiene la sequía. Oklahoma, los tornados. Colorado, los incendios forestales.

Y Texas tiene a Dan Patrick. Este senador estatal republicano tiene la intención de aprovechar una ola de nativismo antihispano para llegar directamente al puesto de vicegobernador. Si eso ocurre, Patrick hará en Texas lo que el ex gobernador de California, Pete Wilson hizo en California: Volverla azul.

Patrick, un locutor radial con sede en Houston, es el favorito en la segunda vuelta de las primarias republicanas. El vicegobernador en ejercicio, David Dewhurst, está recibiendo una dosis de su propia medicina. En 2012, Dewhurst perdió una contienda primaria para el Senado en la que el contrincante era Ted Cruz, después de que un grupo externo presentara un aviso sugiriendo que el cubanoamericano apoyaba una “amnistía” para los inmigrantes ilegales. El aviso, del cual Dewhurst se negó a abjurar, era ridículo; Cruz ha adoptado una línea dura contra la reforma migratoria. También era despreciable, porque utilizaba la suposición racista de que si te apellidas “Cruz”, tu lealtad está dividida.

Lo que está haciendo Patrick es aún peor. Está utilizando su megáfono para censurar a individuos que no tienen voz. Patrick debería meterse con alguien de su mismo tamaño —como los que dan trabajo a los inmigrantes ilegales. En lugar de eso, este demagogo barato ha pasado varios meses advirtiendo a sus compatriotas texanos que los inmigrantes ilegales, a quienes han dado empleo durante tres décadas son, en realidad, un ejército invasor que trae enfermedades, desesperación y miseria al estado de la Estrella Solitaria.

En el debate de la inmigración, a la gente le encanta hablar de invasiones, porque la absuelve de toda responsabilidad. Aparentemente, todos estaban ocupados en sus cosas cuando estos inmigrantes ilegales llegaron en masa del otro lado de la frontera y se presentaron a trabajar.

Mientras tanto, el gobernador de Texas, Rick Perry, un correligionario Republicano, aparece en avisos de radio en California en los que pinta un cuadro diferente. Perry está promocionando el auge económico de su estado, el desempleo bajo y el clima favorable para las empresas, mientras trata de atraer a empresas del estado dorado.

¿En qué quedamos? ¿Está Texas doliente, o rozagante?

Si Patrick está en lo correcto cuando dice que los inmigrantes indocumentados están invadiendo Texas y sacando el trabajo a los trabajadores estadounidenses, entonces Perry debe agradecer a esos inmigrantes por el papel que desempeñaron en el crecimiento económico del estado. Es justo.

Patrick no les está agradeciendo. Los está insultando.

“[Los inmigrantes indocumentados] amenazan a su familia,” dijo Patrick en un reciente foro de candidatos. “Amenazan su negocio. Amenazan su estado”.

Lo escucharon correctamente. No le den la espalda a su niñera, mucama o jardinero. Son un peligro. Y usted que pensaba que estas manos le ayudaban a vivir mejor…

Perry —que parece estar preparándose nuevamente para la candidatura presidencial— debe dejar de criticar a California. En lugar de eso, debe criticar a Patrick. El valor moral es un producto escaso en la política, y no se lo encontrará entre los republicanos de Texas, que temen enfrentarse y hacer callar a este sembrador de odio por temor a incurrir en la ira del Tea Party.

¿Dónde estás George W. Bush?

El “43” debe volver de su vida de jubilado y ayudar a que el Partido Republicano de Texas sea más honesto. Por haber sido el presidente más cordial con los inmigrantes de la historia reciente, Bush podría llamar a una conferencia de prensa y criticar a Patrick de la misma manera que este gritón lo hace con los inmigrantes.

No sería algo inusitado para el ex presidente. En 1996, activistas antiinmigración de California, quienes habían logrado la aprobación de la Proposición 187, una insidiosa medida obtenida por votación, que negaba educación y beneficios sociales a los inmigrantes ilegales, quisieron lograr lo mismo en Texas y contactaron al entonces gobernador Bush. Bush dijo a los activistas que desaparecieran de su vista y afirmó que Texas no necesitaba la división que ellos estaban promoviendo.

En última instancia, la iniciativa de California —por la que Wilson alcanzó con éxito su reelección— fue declarada inconstitucional, y la marca del Partido Republicano se volvió venenosa en California. Todo ello ayudó a la elección de más demócratas, pero irónicamente, también perjudicó al Partido Demócrata de California, porque alimentó su arrogancia y facilitó tanto el triunfo de los demócratas en las elecciones, que ahora se los define por su mediocridad, corrupción e incompetencia.

Recuerden lo que digo. Si el drama de Texas se desarrolla de la misma manera que el de California, no pasará mucho tiempo hasta que un partido en Texas no logre triunfar y el otro no valga nada. Cuando eso ocurra, los texanos desearán que sus problemas sean solo sequías, tornados e incendios forestales.