Flecheros, a traer clientes

Proliferan tácticas de la publicidad humana para ganar más negocio

Flecheros,   a traer clientes
En Los Ángeles, el fenómeno de los flecheros parece crecer con los días como herramienta de promoción comercial.
Foto: La Opinión - Ciro Cesar

El hombre que baila y baila en la esquina con su descolorido ropaje simula ser la Estatua de la Libertad.

Con gran habilidad gira una flecha en la que se anuncia un servicio de preparación de impuestos.

A lo largo de la avenida Western, entre los bulevares Washington y Santa Mónica, se cuentan al menos 20 de ellos, a quienes llaman “flecheros” y se colocan en las esquinas anunciando diferentes tipos de negocios.

Es una modalidad que cada vez más están adoptando los negocios para atraer clientela.

La función de los “flecheros” es llamar la atención de transeúntes y automovilistas.

“Hay que moverse, si no, no funciona”, dice don Francisco Sánchez, de 57 años de edad, quien desde hace dos años ha trabajado en este oficio.

“A esto es lo que llamamos trabajar en la flecha; lo único que se requiere es estar en movimiento, aunque a algunos los visten de changuitos, pero el chiste es ese: moverse”, dice sin parar de zarandear el cartel publicitario.

Aunque es un modo publicitario muy antiguo, los “flecheros” parecen estar proliferando por todo Los Ángeles. Más recientemente se les está presentando competencia, en la forma de maniquís. “Si yo tuviera un negocio no pondría esos maniquís, es mejor de la forma como lo hacemos nosotros”, dice don Francisco, como defendiendo su chamba.

A los “flecheros” también se les conoce como human bilboards, publicidad humana o direccionales humanas.

José Campos, otro que trabaja agitando la flecha, tiene que utilizar un cartel por enfrente y por detrás para anunciar la venta de casas.

“Pues me va más o menos, sale para completar para la renta, me pagan $9 dólares la hora, no más trabajo 5 horas al día y de aquí me voy de volada para mi otro trabajo”, dice José.

Otros “flecheros” dicen ganar menos del salario mínimo.

Gallegos dice que 6 de cada 10 de sus clientes refieren llegar al establecimiento gracias al hombre que, disfrazado de cuervo con pico amarillo, mueve y mueve la flecha.