Familias separadas por la frontera durante años

Madres de migrantes se unen para buscar visa humanitaria que les permita ver a los hijos que están en EEUU y no pueden regresar
Familias separadas por la frontera durante años
Madres y abuelas integrantes de la Asamblea Popular de Familias Migrantes piden ayuda para poder ver a los hijos que extrañan.
Foto: Gardenia Mendoza / La Opinión

MÉXICO, D. F.— Jovita Embarcadero levanta la frente, alisa con la mano derecha su cabello blanco recogido y comienza a hablar con garbo frente al público que la escucha hasta que el recuerdo de su hija Inés, quien vive en Seattle, doblega todo su ímpetu y rompe en llanto.

“Hace 25 años que no la veo”, cuenta frente a sus compañeros de la Asamblea Popular de Familias Migrantes (Apofam), una organización con sede en el Distrito Federal a la que se unió en busca de una solución contra la ausencia que se volvió dolor físico.

Tiene taquicardias, no puede dormir o se despierta a media noche después de hablar por teléfono con Inés que le repite una y otra vez: “No puedo ir a México, mamá, ¿como me regreso después sin papeles?”, narra: “la migra está cada vez peor”.

Lo cierto es que el endurecimiento de las políticas migratorias en la frontera metió “terror” entre los mexicanos que antes iban y venían entre su país y Estados Unidos para ver a los suyos.

“Hoy simplemente no regresan y, en un país con tan fuerte tradición de familia, esto es devastador”, detalla Marco Castillo, director de Apofam.

Ahora mismo la organización tiene en sus filas a 120 mujeres que buscan una “visa humanitaria” porque tienen en promedio 12 años sin ver a sus hijos: son la punta del “iceberg” de un problema “invisible” y en crecimiento.

“Son 6.6 millones de mexicanos sin papeles en Estados Unidos y cada uno tiene al menos dos familiares en este país que no ve hace mucho tiempo: es una situación muy complicada”.

Cinco veces intentó Jovita sacar una visa de turista. La última vez, en 2012, cargó sus 73 años rumbo al consulado de Matamoros, Tamaulipas, porque un compadre le dijo que ahí era más fácil; y cuando el cónsul la rechazó nuevamente no tardó en unirse a un grupo que organizó una protesta en la línea fronteriza y luego regresó a la capital mexicana.

En Apofam encontró una nueva esperanza al verse en el espejo de muchas madres más.

María Leonor Aponte, con quien se consuela después de la catarsis frente al micrófono, no ve a sus tres hijos desde 1997 cuando se fueron de Tlaxcala (centro) a Oxnard, California, donde se casaron y nacieron los 12 nietos que no conoce.

Una abogada le cobró 5,000 dólares para hacer los trámites “con garantía” de sacarle papeles y luego huyó para romper la ilusión de su clienta de 62 años.

“Si al menos pudiera tocarlos”, solloza Herminia Urrieta, de 64 años, oriunda de Coyuca, Guerrero, también con 14 nietos a los que solo ha visto en fotografía: no sabe usar internet y EEUU le ha negado cuatro veces el visado.

“Yo no me quiero quedar allá, aquí tengo a mi esposo, una casa y unos terrenos, solo quiero estar unos días con ellos, comer en la mesa con todos, conocer a mi nuera, ¿por qué el Gobierno de los Estados Unidos no entiende eso?”, se pregunta.

El cónsul general de la embajada estadounidense en México en 2010, Sean Murphy, dijo en el marco del lanzamiento de los Centros de Servicios al Solicitante de Visas (CAS) que una de cada cuatro solicitudes de visa era denegada.

La embajada no actualizó la cifra solicitada por este diario ni aclaró el perfil de los solicitantes rechazados.

Murphy explicó en su momento que el criterio para garantizar la entrega es constatar que la persona no quiere radicar en EEUU y verificar que tiene en su país “lazos muy fuertes para regresar a él”.

  • 120 madres integran un movimiento que solicita visa humanitaria al gobierno de EEUU para ver a sus hijos.
  • Seis millones de mexicanos sin documentos tienen al menos dos familiares cercanos que no han visto de su emigración.
  • Una de cada cuatro visas son negadas en los consulados de EEUU en México.

“No hay datos, son invisibles”, precisa Verónica Montes de Oca, investigadora especializada en migración de la Universidad Nacional Autónoma de México que en los últimos años sigue la pista a los hijos emigrantes de mexicanos con padres radicados todavía en su país.

En el último viaje a Estados Unidos, llevó consigo la documentación de 14 casos con “santo y seña” sobre los posibles paraderos de los desaparecidos y ¡sólo localizó a uno!

“Eso fue sólo una muestra, pero creemos que son miles de migrantes desaparecidos que nadie sabe dónde están y los familiares aquí sufren una agonía por la incomunicación”, detalla.

Algunos podrían estar en las cárceles o murieron en soledad o se encuentran en sitios poco accesibles para la tecnología o en constante cambio de ciudad por su condición de indocumentados.