El “Papa viajero” dejó huella indeleble en EEUU

Juan Pablo II hizo cinco visitas, entre 1979 y 1999
El “Papa viajero” dejó huella indeleble en EEUU
El papa Juan Pablo II con el presidente Jimmy Carter, durante una de sus visitas a Estados Unidos.
Foto: Archivo / EDLP

WASHINGTON, D.C. — “Vengo aquí porque conozco las condiciones difíciles de vuestra existencia, porque sé que el dolor se hace presente en vuestras vidas. No os abandonéis, hermanos y amigos, a la desesperanza, sino colaborad vosotros mismos, dad los pasos que os sean posibles en la empresa de vuestra mayor dignificación”.

Con esas palabras el papa Juan Pablo II se dirigió a la comunidad hispana residente en el sur de El Bronx, Nueva York, en 1979. Consciente de su importancia, realizó un viaje especial a la zona, durante su primera visita a Estados Unidos, a un año de haber sido designado. Esta sería la primera de cinco visitas.

Las otras se dieron en 1984, 1987, 1993, 1995 y 1999. Aunque dos de ellas fueron sólo de paso por Alaska, en medio de otros viajes, en las giras que sí tuvieron un enfoque en el país, el Santo Padre, siempre tuvo palabras en español y gestos para los hispanos.

Se le llamó el “Papa viajero”, el “Papa peregrino”, y Estados Unidos fue, precisamente, uno de los testigos de su dinamismo y energía para recorrer el mundo predicando el Evangelio. Veintiuna ciudades lo vieron pasar, entre ellas: Los Ángeles, Miami, San Antonio, Denver.

“Para mí fue una experiencia extraordinaria, creciendo como católica, me hizo ver el amor que se tiene a la fe, uno del que casi no estás consciente”, contó la hermana Mary Ann Walsh, quien trabajó como reportera cubriendo algunas de las visitas del Sumo Pontífice, además de ser parte del equipo de organización y ejecución de las últimas.

“Siempre me impresionó mucho su habilidad de tocar a jóvenes en las multitudes. Era capaz de comunicarse a nivel personal. Era divertido ver cómo el Servicio Secreto trataba de protegerlo y el Papa rompía el protocolo para abrazar a niños, por ejemplo. Los ponía muy nerviosos”, rememoró.

Aunque el censo nacional no realiza un conteo basado en religión, dentro de las estadísticas manejadas por la oficina, se estima que, en 1990, había cerca de 46 millones de católicos en Estados Unidos.

El número creció a 50 millones, en 2001, y a 75.4 millones, en 2013. Según el Centro Hispano Pew, este incremento se ha debido al factor de la inmigración.

Muchos de ellos, tocados precisamente, por las visitas del papa Juan Pablo II. Es el caso de Rafael Visoso, quien con 22 años, participó de la Jornada Mundial de la Juventud con Juan Pablo II en Denver, en 1993.

“De sólo recordarlo se me dibuja una sonrisa en el rostro. A pesar de que no hablábamos el mismo idioma, todos nos entendíamos. El amor, la fraternidad. Había un ambiente de tanta alegría, de tanta paz. Yo sentí que su mensaje fue directo para mí, que me entendía, que sabía lo que yo estaba viviendo”, cuenta.

“Esa experiencia me hizo regresar a la Iglesia. Yo cuando llegué a Colorado lo único que hacía era trabajar y trabajar. Después de esto, formamos un grupo juvenil. Se hicieron cosas muy bonitas, se formaron varios lazos que hasta ahora mantenemos”, aseguró.

“Y a ustedes, jóvenes latinoamericanos, ¿qué les pide Cristo?”, dijo el Papa en Denver. “Busca misioneros y misioneras de su palabra en todos los pueblos de este continente de la esperanza. Busca constructores de una sociedad nueva, más justa, más fraterna, más acogedora hacia los pequeños y necesitados”.

Pero además de llevar el Evangelio a los millones de católicos en Estados Unidos y el mundo, Juan Pablo II se caracterizó, en general, por enviar mensajes directos en temas espinosos. Lo hizo en Estados Unidos, en 1995, cuando habló del trato hacia los inmigrantes. “Desde su inicio hasta ahora, los Estados Unidos ha sido un refugio para generaciones de inmigrantes”, dijo el religioso.

“Hombres, mujeres y niños se han establecido aquí desde todas partes del mundo, construyendo sus vidas y formando una sociedad racial diversa, basada en el compromiso con una visión compartida de dignidad humana y libertad”, señaló.

“Espero que EEUU persevere en sus tradiciones. Sería triste si el país le diera la espalda al espíritu emprendedor” traído por este grupo, agregó.