Judas por un rato

Una experiencia que no llegó a ser
Judas por un rato
Cuando acepté interpretarlo tuve en cuenta que Judas era un buen muchacho, solo que le tocó ejercer el detestable oficio de traidor.
Foto: Archivo / EFE

Papeles

Conseguí oficio para la Semana Santa que ya pasó. Había descartado que alguien se interesara en mis servicios a estas alturas del partido de mis días.

El asunto fue así: un pariente me informó que al cura de su parroquia se le enfermó el sujeto que tenía listo para que encarnara a Judas en las procesisones.

A mis espaldas, mi teológico pariente tranquilizó al ensonatanado y le aseguró que tenía el sujeto ideal para remplazarlo: este servidor. Acepté irrevocablemente. De vez en cuando hay que pararse en la cabeza, ser antípoda de sí mismo.

Para empezar, aclaro que uno tiene la cara que puede, no la que quiere. Al aceptar, estaba seguro de que no calumniaría al Judas original con esta pinta de retrato hablado, de hombre con prontuario, que me tocó lucir cuando “he empezado a desaparecer”.

Judas también tenía prontuario. Sería calumniarlo hablar de hoja de vida. Aun así, si hubiera tenido que escoger amigos entre los discípulos del Zarco de Galilea, habría elegido al hombre de Queryyot, la aldea de Judea donde lo reclutó el Maestro.

Los demás apóstoles me parecen íntegros, talentosos, pioneros —sobre todo Juan— de un nuevo periodismo que practicarían después plumas como Gay Talese, Wolff, Capote. (Se les olvidó dar el crédito).

Los discípulos eran duchos en la pesca, ingenuos como una orquídea, bellas personas como los Hare Krishna, pero predecibles. Y el predecible es la cuota inicial del tipo aburridor.

Martín Scorsese, en La tentación de Cristo, lo pone entre los amigos de Jesús. El griego Kasantzakis en su libro La última tentación lo presenta como un revolucionario. Un documental de la National Geographic, basado en el evangelio apócrifo de Judas, de apenas 26 páginas, sostiene que no era ningún malandro. El checo Frantisek Xaver Brixi le compuso un Oratorio. Haciendo de tripas corazón su mamá lo absolvió de su lapsus. Estoy bien acompañado.

Cuando acepté interpretarlo tuve en cuenta que Judas era un buen muchacho, solo que le tocó ejercer el detestable oficio de traidor.

Hizo bien la tarea. Ayudó a que se cumplieran las escrituras. Imaginen en las que andaríamos si no hubiera entregado a “Calidad” Jesús, como le decían en su barrio.

En el paquete con el que vino al mundo, le figuraba entregar al maestro con un beso. Sé de buena tinta que ese bello ritual del beso le dañó hasta el primer tetero.

Libre albedrío es hacer lo que uno quiere. En su caso, era hacer lo que le impusieron. Profecía mata libre albedrío. No se le puede decir pusilánime a un hombre que generaba envidia porque antes del episodio en el huerto de Los Olivos era libre como un eclipse de luna.

Era un varón de los que solo se ven en los tangos, en los cuentos de Borges o en algunas rancheras. Tener a Dios en la oposición son palabras mayores. Me quito el sombrero.

No tenía amigos, tampoco reía y para conseguir novia se tenía que disfrazar de ateo. Las nazarenas veían en él algo que no encajaba. No se pudo gastar con nadie su amor para dar.el amor que tenía para dar.

Al final, según el evangelio que se le atribuye, Dios le perdonó porque “es su oficio”, según trinó alguienpor ahí. ¿Si Dios lo perdonó por qué no podría interpretarlo yo? …Finalmente lo pensé dos veces y desistí de interpretarlo. De pronto termino de traidor. Mi pariente finalmente tuvo que conseguir otro actor. (Y perdón, Judas, por la reculada).