Por un mundo limpio

Un mundo sin contaminación requiere de la forzosa educación de todos
Por un mundo limpio
La bandera del Día de la Tierra fue creada por un activista en 1973.
Foto: Cortesía

Burbujas

Como comentario a nuestro artículo de la semana pasada quiero hacer una aclaración.

Un lector me escribió diciendo que no estaba yo contando correctamente la historia del general Obregón. Nunca intente hacerlo porque la historia ya está escrita y muchos de los hechos ampliamente documentados. Yo escribí la historia de un niño y las impresiones de ese niño ante los hechosque sin ser actor, estaban pasando a su alrededor.

Los niños nos son “adultitos” ni tienen porque razonar en la misma forma que los adultos, pero viven y sienten a su manera y esa fue la historia contada de lo que vivió un niño cuando asesinaron a alguien que era su amigo. La historia de ese amigo, que era el presidente de México, pero pudiera no haberlo sido, no era el tema del relato.

Hará unos 10 años en que hablando en una secundaria les decía a un grupo de alumnos inquietos con el tema espacial, que de hecho todos nosotros somos astronautas, y que nuestra tierra es una enorme nave, y que de nosotros depende su mantenimiento y cuidado para que el viaje continúe…

Este año se acaba de celebrar el Día de la Tierra, que se presto para innumerables discursos de políticos oportunistas de todos los países y para exposiciones de personas que se toman en serio la urgente necesidad de cuidar nuestro mundo y evitar hasta donde sea posible las contaminaciones de todo tipo que están ocurriendo y la destrucción de bosques indispensables para la creación del oxigenoque necesitamos todos.

Cuando menos en esta ocasión no hubo partidismo y los temas de contaminación tratados no se mancharon de tintes políticos.

En la gran conferencia casi mundial que se efectuó, no se llegaron a acuerdos de acciones generalizadas sino que salieron a relucir miles de posibilidades para enderezar la torcida ruta por la que vamos en dirección a la destrucción de nuestro planeta.

Hay dos puntos claves que me llamaron la atención:

Primero, el problema del constante aumento de habitantes y de sus consumos que cada vez va a ser más difícil de satisfacer; y segundo, el dato alarmante que encontré por allí sobre la estimación de que cada uno de nosotros producimos dos libras de basura por día.

No me he puesto a hacer la cuenta de lo que estamos hablando, pero son millones de toneladas que hay que colocar en algún lugar del mundo, o que hay que utilizar en alguna forma, no parcialmente como hasta hora, sino en forma total, para evitar que llegue el momento en que lo único que haya sea la basura.

Uno de los países que más cuidado está poniendo en ese aspecto es la pequeña Suiza que obliga a sus ciudadanos a catalogar la basura que producen para poder disponer de ella en forma racional. Pero eso es Suiza, y no hay muchos como ellos.

En este campo los principales ofensores son los países del llamado Tercer Mundo donde aún existen inmensos basureros que crecen día a día y no veo por ningún lado campañas serias para controlar ese desperdicio.

Por otro lado, la basura es un inmenso negocio para algunas empresas, desde su recolección, hasta quienes tienen “pepenadores” escarbando entre la basura en busca de algo utilizable.

En EEUU se recicla gran parte de los materiales pero lamentablemente no es suficiente y con la basura restante se esta corriendo el riesgo de contaminar las aguas del subsuelo.

Me basto con leer algunos de los discursos pronunciados en el Día de la Tierra para darme cuenta de que si bien se está de acuerdo en que hay un problema creciente, es difícil de llegar a acuerdos generales para su aplicación mundial.

Eso es dramático porque todos somos dueños de este planeta, todos somos responsables por el trato que le damos y todos pagaremos las consecuencias si este desorden y contaminación continúa.

Recuerdo la época en que existía la carrera automovilística BAJA 1000 en la península de Baja California en México, en una carretera que atravesaba desierto tras desierto y que lastimeramente se veía basura por todo el trayecto. Los botes de refrescos no se oxidaban por falta de humedad y junto con otra basura permanecían allí a través del paso del tiempo. Nunca pude entender, cuando recorría yo esa carretera, por qué las personas que viajaban iban tirando su basura en lugar de disponer de ella en forma razonable.

Lamentablemente, en tanto en las escuelas y en las familias no se enseñe a los niños la importancia del cuidado ecológico, siempre va a haber países contaminadores como contrapeso a los pocos que han educado por generaciones a sus ciudadanos sobre la imperiosa necesidad de cuidar la propiedad en que vivimos todos, para dejar un mejor mundo a las futuras generaciones.

Otro problema es que todos somos muy ecológicos pero solo hasta donde no nos cuesta. Difícilmente queremos pagar extra por un artículo biodegradable, por una recolección de basura especializada, etc.

No hace mucho tiempo había el furor de separar periódicos o revistas para reciclar en la fabricación de papel nuevo, pero esas campañas se desvanecieron, probablemente porque resultaban en un esfuerzo o costo adicional que no estamos educados a sufragar.

Un mundo limpio y sin contaminación requiere de la forzosa educación de todos.