Una vida de familia dentro del circo Ramos

En los circos familiares las estrellas tienen que hacer de todo para mantener el espectáculo
Una vida de familia dentro del circo Ramos
El payaso, Raúl Castaño, da lecciones a su hijo Michael Mendoza, el cual no puede asistir a una clase regular.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

Cuando los niños esperan ansiosos por sus bolsas de palomitas al entrar al circo, no se imaginan que quienes los atienden son los primos cubanos, Manuel Acosta y Leonardo González, unas de las mayores atracciones del circo Ramos.

Media hora antes de comenzar su número, Manuel y Leonardo dejan el puesto de maíz palomero para ejecutar uno de los actos más temerarios del espectáculo, equilibrismo en mesas y cuerdas.

En los circos familiares como el de los hermanos Ramos, los artistas hacen de todo. Los propios dueños dan el ejemplo. Alex Ramos termina de presentar a caballos, cebras, llamas y camellos, y se pone a vender globos.

Antes de ofrecer su espectáculo de figuras de ballet en un arco de acero, las aerolistas Jaleen Francois y Emily Rose se encargan de acomodar en sus asientos a las familias.

El payaso Raúl Castaño vende lentes con luces que se apagan y prenden tan pronto acaba uno de sus actos.

Pocas veces, los asistentes al circo se imaginan que sus estrellas tienen que hacer de todo para mantener con vida al espectáculo más antiguo del mundo.

“El circo no da para contratar tanta gente, así que todos le entran a todo, lo que permite a los artistas además de su sueldo ganar una pequeña comisión”, dice Alex Ramos, tercera generación circense.

También muchos de los que nacieron y crecieron en el circo como Alex Ramos han tenido que aprender a hacer todas las artes.

“Yo he sido trapecista, payaso, malabarista y domador de animales”, cuenta. Sin contar con que es el encargado del cuidado y transporte de los 50 animales que tienen.

Incluso los artistas se ganan el pan, ejecutando dos o tres presentaciones distintas durante el show.

“De aquí viven 65 familias de nueve nacionalidades, México, Cuba, Guatemala, Honduras, Brasil, Perú, Colombia Canadá, España y Estados Unidos”, explica Alex Ramos .

Más allá de lo que la gente pudiera pensar, la vida en el circo, no es vista por sus actores como dura.

“Trabajamos mucho cuando estamos armando, y desmontando, pero después solo durante el show”, revela.

Los musculosos primos Manuel Acosta y Leonardo González sueltan la carcajada cuando les preguntamos si la vida en el circo es aburrida. “Ni un segundo, ni un minuto”, exclama Manuel quien junto con Leonardo se formaron en la Escuela Nacional de Circo de Cuba.

Agrega: “Esta vida nos ha dado la oportunidad de conocer muchos lugares en el mundo”. Ambos coinciden que cuando se van a su casa en Miami, extrañan la vida circense.

Tan bien la pasan que les da tiempo hasta para enamorarse. Manuel Acosta recién se puso de novio con una artista del mismo circo Ramos. “Es muy normal que surja el romance entre los artistas y haya hasta bodas en el trapecio o en las jaulas de los tigres”, dice Alex Ramos quien conoció a su esposa Silvia Allue durante una presentación circense en Barcelona. “Era hija del presentador del Circo Mundial”, contó.

El circo es una pequeña aldea, alrededor de la carpa donde hay al menos 18 casas rodantes.

El colombiano Raúl Castaño quien lleva 37 años de payaso vive con su esposa Naydu Mendoza y unos de sus dos hijos Michael, de siete años. “Ya lo estamos entrenando en la bicicleta pero va a depender de él, si quiere seguir”, comenta el artista de la risa.

La vida itinerante que llevan las estrellas del circo impide que sus hijos asistan a una escuela regular.

En su casa móvil, Naydu trabaja con su hijo, cinco horas al día en las tareas escolares que le impone la enseñanza en casa.

Pero no extrañan tener un hogar fijo, o un empleo en un solo lugar, ambos dicen casi al unísono que sería “muy monótono”.

“Estamos muy bien. Viajamos, paseamos, conocemos, nos divertimos a la vez que trabajamos. Y sale para ir a Colombia al final de la temporada a ver a las familias porque el circo es una profesión bien pagada si haces un buen acto”, comenta el payaso Rául Castaño, quien acompaña sus funciones con juguetones perros amaestrados a quienes ha enseñado a bailar en el escenario, provocando el entusiasmo de la chiquillada.

Amaury Ramos, cuarta generación de cirqueros empezó vendiendo palomitas y sodas pero a sus 19 años es el malabarista estrella del Circo Ramos.

“Yo nací en el circo, me crié y me acostumbré a esta vida. Mi papá Eduardo Ramos es trapecista y mi mamá Luciana es malabarista”, platica.

Los circos familiares de hoy en día, tienen carpas más pequeñas con menos asientos que en el pasado.

Pese a que se han achicado, Alex Ramos asegura que el circo no está en riesgo de desaparecer porque es el único espectáculo donde no se vende alcohol y la familia se junta. ” Hay acción, suspenso, risa, drama. Y mientras haya un niño en el mundo, habrá circo para divertirse”, sostiene con convicción.