¿No puedes o no quieres?

Tenía muchos deseos de comer champiñones salteados, así que me fui a un restaurante a satisfacer mi antojito pero cuando miré el menú no los vi por ningún lado.

Le supliqué a la mesera: “Por favor, ¿podría hacer una orden especial para mi? y aseguró: “No puedo”. ¿Pregúntale al cocinero si puede cocinarlos?, insistí, y afirmó, “no puedo, solo servimos lo que ve en el menú”.

El gerente del lugar se acercó a preguntarme si todo estaba bien. Cuando le expliqué la situación, rápidamente le preguntó a la mesera sarcásticamente: “¿sabías que en la cocina tenemos aceite, champiñones y ajo?, ella titubeando respondió: “si, lo sé”, y molesto le reclamó: “Entonces, ¿por qué dices que no puedes?”.

Esta chica pudo intentar complacer el antojo de una clienta, pero no quiso hacerlo. El incidente me hizo pensar en todas la veces que decimos “no puedo”, cuando la realidad es que NO queremos hacerlo.

Por ejemplo, alguien que dice: “no puedo bajar de peso”, verdaderamente puede hacerlo pero no quiere pasar por el sacrificio de cambiar sus hábitos alimenticios y tener que hacer ejercicio. O quien dice: “no puedo ahorrar dinero”, por supuesto que puede pero no quiere abstenerse de sus gustos.

De igual manera una mujer que dice: “no puedo salir de esta relación tóxica”, claro que está capacitada para hacerlo pero no quiere tomar la decisión porque tiene terror a estar sola. Así como estos ejemplos, hay numerosas situaciones en las que no queremos hacer lo que debemos y mejor decimos: “no puedo perdonar”, “no puedo aprender sobre computadoras”, “no puedo subirme a un avión”, “no puedo ser feliz”…

¡No te engañes! Ciertamente eres capaz de todo, la mente es extremadamente poderosa. Sin embargo, la falta de compromiso, la desidia, las suposiciones erróneas y sobre todo el miedo, pueden detenerte a cumplir tus objetivos.

Reflexiona en aquello que tanto deseas pero dices que “no puedes” lograrlo, y luego responde a esta pregunta: ¿no puedes? o ¿no quieres?

Si eres honesta, te darás cuenta de que sí puedes, pero no quieres enfrentar los retos necesarios para alcanzarlo. Acepta que has evadido hacer los que tienes que hacer. ¡Cambia esa actitud! Cree en ti, enfrenta tus temores y repite: “yo quiero y yo puedo”.