Lucha contra abusos sexuales

Dos veces violada, activista latina busca frenar ataques en las universidades
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Lucha contra abusos sexuales
Jasmin Enríquez, 'embajadora' de PAVE, organización contra la violencia sexual.

WASHINGTON, D. C.— En su blog y en su cuenta de Twitter, Jasmin Enríquez luce una sonrisa en su rostro, aunque confiesa que arrastra el recuerdo de días y noches con síntomas del trastorno de estrés postraumático (PTSD), producto de las dos violaciones que sufrió y que la convirtieron en parte de las estadísticas de víctimas de abuso sexual.

La primera vez fue atacada sexualmente por un amigo al terminar la preparatoria en una escuela católica de San Diego, California; la segunda por su propio novio una noche de 2009, en su primer año universitario y mientras dormía en una casa de estudiantes cerca de la Universidad estatal de Pensilvania (Penn State).

“Salía con un chico que me importaba mucho, y cuando me violó no supe qué hacer. Creía que las violaciones solo ocurrían cuando un desconocido ataca a alguien en un callejón… con el tiempo descubrí que la mayoría de las víctimas conoce al violador”, señaló Enríquez, fundadora del grupo de apoyo, “Solo con Consentimiento” (“Only With Consent”) y quien desde febrero pasado promueve una iniciativa de la Casa Blanca para que las víctimas sepan que “no están solas”.

“Solo con Consentimiento” ofrece ayuda e información a las víctimas con el propósito de frenar la violencia sexual en todas sus manifestaciones.

Enríquez colabora con la Casa Blanca para educar a la opinión pública sobre el problema, y también es “embajadora” de PAVE, una organización nacional sin fines de lucro que realiza campañas de educación contra la violencia sexual.

“Una sola violación es demasiado”, sostiene la joven, quien lamenta que aún subsista el estigma y la tendencia de culpar a la víctima mientras el violador queda impune.

Sin embargo, como muchas otras víctimas, Enríquez no denunció a su atacante porque su prioridad era protegerse y superar el trauma. Tampoco le ayudó sentirse “sin voz” por ser latina en un enorme recinto universitario o saber que nadie le creería.

Graduada en 2013 en Comunicaciones y Estudios de la Mujer, Enríquez empezó a revelar su experiencia a otras mujeres, y constató cuán extenso es el problema en EEUU, donde una de cada cinco mujeres y uno de cada 71 hombres han sido víctimas de abuso sexual en el transcurso de sus vidas.

Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, el 37.4% de las mujeres víctimas tenía entre 18 y 24 años cuando fueron violadas. Los violadores suelen ser sus parejas, familiares, conocidos y extraños, en ese orden.

Entre las recomendaciones de un reciente estudio del Grupo de Trabajo Contra Abusos Sexuales están que las universidades realicen encuestas para vigilar la extensión del problema; incentiven la ayuda de testigos de abuso sexual, y capaciten a personal de apoyo para las víctimas.

El Gobierno también estableció la página web Notalone.gov con los recursos disponibles para ayudar a las víctimas a delatar estos delitos.

La administración Obama reveló que hay una lista de 55 universidades investigadas por posibles violaciones federales por su manejo de quejas de abuso sexual, entre las que se encuentran Harvard, Dartmouth, Princeton, la Universidad de Chicago y la Universidad del Sur de California.

Enríquez se siente más fuerte y quiere que otras víctimas encuentren refugio en sitios como el suyo, porque “nadie debe pasar por esto sola”.