Católicos ‘carismáticos’ inyectan alegría a su iglesia

El movimiento religioso que comparten la iglesia católica, evangélica, anglicana y luterana cobra fuerza entre la comunidad hispana
Católicos ‘carismáticos’ inyectan alegría a su iglesia
Católicos del movimiento El Sembrador durante un servicio carismático en la Iglesia Santo Tomás en Los Ángeles.
Foto: J. Emilio Flores / La Opinión

Una alegre salsa se escucha en un templo de Los Ángeles. “Yo quiero ser instrumento de tu paz”, repite la canción y decenas bailan, aplauden, oran con los ojos cerrados y levantan las manos como queriendo tocar el cielo. Es viernes por la noche y aquí, en efecto, están de fiesta.

“¡Gloria! ¡Gloria! ¡Y alabanza a Dios!”, exclama el predicador. Recién inició este servicio y algunos ya alcanzaron el clímax: una mujer brinca sin parar como si estuviera en un concierto de música electrónica y un hombre habla con los ojos cerrados y golpea su cabeza con una biblia negra.

De no ser por un cuadro de la Virgen de Guadalupe que cuelga en la pared se pensaría que éste es uno de tantos templos protestantes en el oeste de Los Ángeles.

Se trata del movimiento religioso de mayor crecimiento en la comunidad latina en Estados Unidos: la renovación carismática, que nació aquí hace 50 años y que comparten las iglesias católica, evangélica, anglicana, luterana y otras.

El movimiento carismático, que dentro del catolicismo cobró fuerza luego del Concilio Vaticano II, cree que el poder del Espíritu Santo se manifiesta a través de fenómenos sobrenaturales: hablar en lenguas, sanidades milagrosas, profecías y revelaciones. Cada quien tiene un don sin descubrir, dicen.

Según el Centro Pew, el 54% de los hispanos católicos en este país es carismático; mientras que sube a 58% entre los que nacieron fuera del país. Por su parte, lo es el 57% de los latinos protestantes.

A medida que la iglesia católica pierde miembros, este movimiento parece inyectarle esperanza. “Ha ayudado a que ese éxodo de católicos a las iglesias evangélicas no sea tan grande”, afirma Ricardo Moreno, del grupo Pan Para El Mundo, que integra distintas denominaciones religiosas.

En agosto, la asamblea carismática en la parroquia Santo Tomás, sede del ministerio “El Sembrador”, espera reunir a 13 mil personas. El grupo ya abrió una estación de radio y un canal de TV que se transmite en 17 países.

Francisco Arce, quien coordina la congregación, asegura que incluso han traído otros fieles. “Evangélicos ‘de hueso colorado’ ahora son miembros activos. Gente que se había ido está regresando a la iglesia católica”, celebra Arce, quien cuenta que hace 20 años él dejó el alcohol y las drogas después de asistir a un rito de este tipo. “Mi vida era un desastre”, dice.

Liturgias sencillas, cantos alegres y oraciones intensas son puntos en común entre los carismáticos. “A mí me gustó que es una oración espontánea, sin reglas”, dice Silverio Ibarra, quien hace 22 años se integró al grupo en Santo Tomás. “Cuando lo experimentas sacas a conclusión que es algo sobrenatural, el poder hablar en lenguas, desarrollar un don que no conocías”, señala.

Para el reverendo Samuel Rodríguez, presidente del Concilio Nacional de Latinos Evangélicos (NHCLC), esta coincidencia en el culto no significa una reconciliación teológica entre las distintas expresiones de fe, pero sí un “puente de comunicación entre las iglesias protestantes y la católica”.

Pero algunos católicos tradicionales no quieren asistir a parroquias donde las personas brincan, gritan, hablan como poseídas o incluso llegan a perder el conocimiento.

Uno de los escépticos fue el entonces sacerdote jesuita Jorge Mario Bergoglio, ahora Papa Francisco, quien comparó sus servicios con clases de samba. “Ahora me arrepiento, creo que este movimiento hace mucho bien a la iglesia”, dijo el líder de la iglesia católica en 2013.