El éxito y el fracaso

Los descalabros son muy probables, simple y sencillamente por las numerosas y enormes dificultades que enfrenta el inmigrante
El éxito y el fracaso
En lugares donde existe una costumbre muy arraigada de irse a trabajar al extranjero, el fracaso migratorio puede tener consecuencias serias.
Foto: Archivo/Aurelia Ventura / La Opinión

Migración

Hace unos días mencioné en una de mis clases en la universidad que cuando los migrantes se comunican con los familiares que se quedaron en el terruño generalmente les hablan de sus éxitos y rara vez de sus fracasos. Es así que se crea lo que algunos investigadores han llamado la cultura de la migración. Este término hace referencia a los cambios culturales que la migración produce en las comunidades de origen. A fuerza de escuchar las historias de éxito de los que se han ido y de verlos regresar con dólares, los que aún no han emigrado empiezan a considerar la necesidad de irse a trabajar al extranjero. La migración se convierte en sinónimo de éxito y viceversa.

De hecho, buena parte de las imágenes, historias y símbolos que la migración evoca están asociados con la capacidad del individuo de superar obstáculos, tomar riesgos, aventurarse. El éxito se comunica de inmediato, por ejemplo, por medio de fotos, como las que todavía hoy se toman los recién llegados en una de las esquinas del Parque MacArthur, con una manta que tiene estampados los rascacielos del centro de Los Ángeles. El mensaje es claro: ¡Hemos llegado y triunfado! Y si no, para allá vamos…

Pero la migración muchas veces resulta en la experiencia del fracaso. A diferencia del éxito, el fracaso se oculta o solo se comparte con un pequeño núcleo de allegados. Los descalabros son muy probables, simple y sencillamente por las numerosas y a veces enormes dificultades que tiene que sortear el migrante.

Dependiendo de la experiencia y el contexto en el que se dé, el fracaso es vivido como un estigma o marca que se tiene que ocultar, un incidente que genera vulnerabilidad o un episodio que produce profunda vergüenza. Una estudiante que investiga la migración africana me contó hace tiempo que muchos de los migrantes deportados de Europa no regresan a sus comunidades de origen, sino que se quedan en las ciudades a las que son retornados forzosamente. Las razones son en parte económicas: es difícil ganarse la vida en los pueblos donde nacieron. Pero estos migrantes viven la deportación como un fracaso del que se avergüenzan y prefieren no volver a casa en esas condiciones.

La historia de los migrantes africanos deportados sugiere que, al igual que el éxito, el fracaso tiene una dimensión interactiva. ¿Qué significa esto? Que así como la persona busca y recibe la aprobación de otros al demostrar que los objetivos han sido conseguidos, también teme la reacción de los demás por una migración que pueda ser percibida como un fracaso, síntoma de una derrota o producto de una decisión equivocada.

En lugares donde existe una costumbre muy arraigada de irse a trabajar al extranjero, el fracaso migratorio puede tener consecuencias serias. En esos sitios, la imposibilidad de cruzar una frontera o el retorno obligado antes de tiempo, pueden poner en duda el estatus de la persona en la sociedad local, ya sea como adulto e inclusive como alguien que puede sostener un hogar.