Rigoberta Menchú, luchadora innata

“Crucé la frontera amor, no se cuándo volveré. Tal vez cuando sea verano cuando abuelita luna y padre sol se saluden otra vez”. Crucé la frontera, Rigoberta Menchú.
Rigoberta Menchú, luchadora innata
Rigoberta Menchú lucha por los derechos de los indígenas y las mujeres en Latinoamérica.
Foto: Archivo

Menchú llevó a los líderes militares guatemaltecos Efraín Ríos y a Óscar Mejía frente a la corte española; le fueron adjudicados el Premio Nobel de la Paz en 1992 y el Príncipe de Asturias en 1998; perdió dos elecciones presidenciales en Guatemala; ha publicado decenas de libros incluyendo su autobiografía “Me llamo Rigoberta Menchú y así me nació la conciencia” y a sus 55 años, sigue andando el mundo con el único propósito de hacerlo un lugar mejor.

Rigoberta Menchú es hija, madre, semilla y fiel protectora de la tierra, de sus flores y su maíz. Indígena maya-quiché de Guatemala, la poetisa es también una activista social, quien vivió muchos años entre la pobreza de su familia campesina, la discriminación racial y la represión violenta con la que las clases dominantes guatemaltecas trataban de reprimir las aspiraciones de justicia del campesinado en la nación centroamericana.

Una “alborotadora” innata, desde los 10 años Rigoberta se unió a los movimientos de reforma activista a través de la iglesia católica, y se convirtió en uno de los ejes centrales del movimiento de los derechos de la mujer cuando apenas era una adolescente.

En 1980, con 21 años, Rigoberta perdió a su padre Vicente Menchú, durante la quema de la embajada española por manos de la policía, que la incendió con las protestantes vivos en su interior.

Su vida la marcó la violencia, pero el suyo fue un llamado de paz. Mientras sus hermanos decidieron unirse a la guerrilla, Rigoberta comenzó una campaña pacífica de denuncia contra el régimen guatemalteco. Su deseo por ayudar al pueblo indígena guatemalteco resonó a la situación de abuso de la que son víctimas muchas mujeres en Hispanoamérica.

México se convertiría en su casa, y la fuente de inspiración de “Crucé la frontera”, donde llegó exiliada en 1981. La presencia de Menchú, como su voz cargan el fuerte deseo de lograr la igualdad para los indígenas de Guatemala y las mujeres latinoamericanas. Rigoberta tiene historia una larga historia para compartir, una que, transformada en palabras que llegan al alma, sobrevivieron a la guerra civil de su tierra.

“En reconocimiento por su trabajo en la justicia social y reconciliación etno-cultural basados en respetar los derechos de los pueblos indígenas”: Fundación Nobel.