Mónica baila el tango, como ninguna

Bailarina e instructora comparte su pasión por esta danza
Mónica baila el tango, como ninguna
'El tango es una danza de pecho a pecho, de corazón a corazón'.
Foto: Cortesía: Gayle Goodrich

El tango te da la certeza de estar vivo. No hay baile como este“. Cuando Mónica Orozco, bailarina e instructora empieza a hablar del tango, inmediatamente se percibe la pasión que siente por la danza que la ha llevado a recorrer el mundo.

Orozco nunca creyó que se convertiría en bailarina profesional de tango. “Es que una vez que probás, no podés dejar”, asegura refiriéndose al baile que la llevó a vivir en Asia por varios años. “Me fui de tour por tres meses y me quedé cuatro años”, recuerda.

Orozco ha recorrido el mundo bailando y dando clases y conferencias sobre el tema.

Según la bailarina, la particularidad del tango es la de ser una danza en la cual la pareja debe involucrarse “de corazón a corazón, de pecho a pecho”, y asegura que al bailar se sienten los latidos del compañero.

Esta particularidad fue la razón que, en 2007 la llevó a viajar a Líbano, a ayudar a los veteranos de guerra de Beirut. “Las personas heridas durante la guerra, con problemas psicológicos, tienen una gran necesidad de contacto humano. En sus ojos se ve la gran desesperación que sienten”, explica.

En Líbano, este tipo de terapia es conocida como “Esperanza tangible” (Touchable Hope). En medio de la desolación que ocasionan las guerras, hay quienes buscan solaz rezando.

“Pero los rezos son esperanzas intocables, en cambio al tango lo podés tocar”. Orozco está trabajando en un documental sobre los efectos terapéuticos del tango en los veteranos de guerra de Líbano.

“El tango salió de Buenos Aires en zapatillas (tenis) y volvió de Francia en tuxedo (esmoquin). En Paris, le dieron el glamour”, explica Orozco. En un principio, la danza nacida en los suburbios y cabarets, no era aceptada por la alta sociedad.

Pero poco a poco se comenzaron a organizar bailantas en las altas mansiones de Paris y la gente empezó a enseñarles a bailar tango a sus hijos. Desde entonces, la popularidad del baile ha ido en aumento. En la actualidad, en Los Ángeles, se pueden encontrar hasta cuatro milongas por día para ir a bailar.

La ropa también fue cambiando con los años. “Antes de los años 50, las mujeres usaban batas con colas, el tango era más canyengue”, indica refiriéndose al estilo que se bailaba en los suburbios, opuesto al tango de salón. Pero después de los 50, las mujeres comenzaron a vestirse de manera elegante y llamativa, con tajos profundos que muestran las piernas, y casi siempre de negro o rojo. Los zapatos son de taco alto y muchas veces llevan una pulsera, para atajar el pie.

“El tango es muy saludable y tiene los beneficios de cualquier otra actividad cardiovascular. Si vas tres horas a la milonga, son tres horas que estás bailando. Tenés que estar en muy buen estado físico. El tango es mucho más que un baile, es una energía transformadora, y un proceso de transformación interior”, concluye.

Para contactar a Mónica Orozco, puede visitar su página de Facebook.

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