Volver a empezar: La vida después de la prisión

Desafíos y obstáculos que enfrentan las mujeres que terminan su condena
Volver a empezar: La vida después de la prisión
María Alexander (izq.) con Terry Rodríguez, Rhonda Caughey y Lois Carson, antiguas clientas, quienes ahora trabajan con ella en el Centro para Vivir y Aprender.
Foto: Fotos: Emilio Flores

María Alexander logró rehacer su vida, pero no le fue fácil. Como tantas mujeres al salir de prisión, tuvo que enfrentar obstáculos y desafíos para los cuales no estaba preparada.

Su odisea comenzó en el colegio, en 1982, cuando la droga tomó las riendas de su vida. La adicción la llevó a vivir en las calles y dormir bajo autopistas. Delitos y ofensas menores relacionadas con su consumo de drogas la llevaron a la cárcel del condado de Los Angeles, California.

Un tercio de la población femenina a nivel nacional está encarcelada por ofensas menores relacionadas al consumo de drogas.

Según información de la organización de empleados penitenciarios, American Jail Association, muchas de las detenidas fueron víctimas de abuso, violencia o pobreza y tienen problemas de adicción.

La raza también influye en las probabilidades de encarcelación. Según datos de The Sentencing Project, las probabilidades de que una mujer afroamericana sea encarcelada es de 1 entre 19; entre las latinas, es de 1 cada 45. Las probabilidades disminuyen a 1 de cada 118, entre las mujeres de raza blanca.

Los desafíos que enfrentó Alexander son los mismos a los que se enfrentan otras mujeres al salir de prisión, como conseguir trabajo y un techo, recuperar a sus hijos y lidiar con el estigma y la presión social.

“Sin programas de apoyo, o entrenamientos, las mujeres salen de cárcel, no tienen dónde ir, nadie las quiere contratar y terminan en la misma situación en la que estaban antes de entrar a prisión”, dice Alexander.

En lugar de invertir dinero en prisiones, se debería invertir en programas de prevención y rehabilitación señaló, al recordar sus días viviendo en la calle.

“Una termina acostumbrándose, por momentos hasta dejas de sentirte humano y comienzas a sentirte como un animal. Tuve momentos en los que no podía mirar a nadie a los ojos”, agrega.

Durante su estadía en la cárcel, Alexander dio luz a su hija, quien pasó años en el sistema de crianza o foster care.

“Tengo sentimientos mezclados al respecto”, confesó. “Mi hija estuvo con familias maravillosas, pero también fue abusada por otras. La solución no siempre es mejor que los problemas“.

Dos tercios de las mujeres encarceladas tienen hijos pequeños. Y si bien existen programas especiales para estos casos, Alexander opina que no son suficientes y que muchas veces, como en su caso, las madres no son informadas de esta posibilidad.

“En prisión ofrecen clases, pero hacen falta más servicios, como programas de transición”, opinó.

En la actualidad, Alexander es la Directora Ejecutiva del Centro para vivir y aprender, la organización que le brindó ayuda y le posibilitó rehacer su vida. La organización, basada en donaciones, ofrece recursos y apoyo a quienes buscan una segunda oportunidad. El centro tiene el servicio de mensajería y atención al consumidor, All About You, que a la vez es una fuente de trabajo para quienes salen de prisión.

Las historias de éxito de tantas mujeres y hombres que logran rehacer sus vidas son las que me ayudan a lidiar con las frustraciones. Al final del día, eso es todo lo que cuenta”, concluyó.

Para más información: http://www.center4living.lle.org o llame al 818-781-1073.