Toda dictadura es mala

La falta de libertad se respira y se siente sin necesidad de explicación
Toda dictadura es mala
Judíos forzados a limpiar la calle en Austria, marzo de 1938.
Foto: Dominio público, Wikipedia

Burbujas

Don Rafael Soto de Los Angeles, que se llama a sí mismo “político de línea dura” me dice que para acabar con el “desastre” de México hace falta un dictador que “imponga el orden”.

No es la primera vez que don Rafael y yo discutimos sobre este tema, pero me extraña que insista en algo que pienso que no ha vivido y que de seguro disfruta de su vida aquí, porque este país no es una dictadura.

En mi larga vida he tenido oportunidades de ver cómo funcionan las cosas bajo diferentes tipos de gobierno.

Como ya les he contado, de chico me mandó mi madre a Alemania y yo estudiaba allá cuando el 30 de Enero de 1933 (yo tenia 14 años) el presidente Hindenburg nombró como canciller de Alemania a Adolfo Hitler. Su partido había perdido muchos escaños en el Congreso dos años antes, pero en ese año obtuvo la mayoría y, por lo tanto, su nombramiento fue casi obligado.

Ese día hubo en todo el país desfiles con antorchas en los que participaron miles de personas; “Hitleristas” celebrando junto a muchos que sin serlo, lo hicieron solo por precaución.

Yo estaba acostumbrado a ver a los, llamémosle soldados de Hitler, vestidos de “amarillo militar”, marchando por las diferentes calles de las poblaciones cantando y enfrentándose a los grupos de los partidos de izquierda. Su lema en aquel entonces era devolver el poder a Alemania que la Primera Guerra Mundial y el tratado de Versalles le habían quitado. La gente los veía como actualmente vemos alguna manifestación de protesta, pero no impresionaban a todos.

La transformación de Alemania fue impresionante. Esos que marchaban por las calles cantando se convirtieron de la noche a la mañana en una especie de representantes del poder.

Mucha gente no “hitlerista”, ante el temor que inspiraba ese tipo de tropas, aceptaron el ridículo del “Heil Hitler” con el brazo levantado que se volvió obligatorio en cuanta función publica había.

Había empezado la dictadura “hitlerista”, y aunque seguían algunas propuestas opositoras sueltas por allí, la gente se retrajo por miedo porque existía una red de espionaje muy organizada. Se decía incluso, que personas opositoras estaban desapareciendo.

Los cambios fueron drásticos y visibles: se espiaba a través de las juventudes “hitleristas”, que en ocasiones denunciaron a sus propios padres, además se quemó el Congreso y se culpó a los judíos, mientras se limitaba fuertemente la libertad de expresión.

Yo sentí el cambio con mis compañeros de escuela, que nunca más volvieron a criticar ninguna de las acciones nacional socialista del momento y las conversaciones siempre giraron alrededor de la necesidad de que Alemania recuperara el poder que había perdido, pero sin entrar en detalles ni a favor ni en contra de nada.

Cuando un año mas tarde, en una de las plazas de Berlín se hacían piras para quemar los libros de autores judíos o abiertamente enemigos del fascismo, yo pregunté que por qué se hacia y la contestación fue: “limpiar el alma alemana de todo ese veneno”.

Es fácil comprender que a los 15 años yo no entendía nada del significado de lo que se estaba viviendo, pero sí percibía el cuidado con el que los adultos contestaban a mis preguntas. En mi calidad de estudiante mexicano, cada vez recibía menos respuestas y cada vez preguntaba menos.

Quiero recalcar que todo esto son mis impresiones, no un relato histórico documentado.

En Alemania cayó una especie de “manto del silencio” sobre el país completo en el que no se podía criticar so riesgo de ser detenido por lo que la gente acabó por no participar, no expresarse, y hasta hacerse partidario del dictador únicamente por temor.

Eso fue aumentando conforme los Nazis controlaban más y más las opiniones y entre más se hablaba de la superioridad Aria sobre otras razas y abiertamente se atacaba a los judíos, a quienes Hitler echaba la culpa de la derrota de Alemania de 1918.

Todo esto que digo es muy difícil de relatar porque no hay nada especifico que me haya sucedido, pero la falta de libertad se respira y se siente sin necesidad de explicación.

Esa es una de las razones por las que yo vivo feliz en los Estados Unidos, porque si bien en el aspecto político hay cosas que no me gustan, la libertad para poderlo decir no tiene igual, la libertad para moverme libremente por el país tampoco, y escribir estas líneas hubiera sido imposible en la dictadura “hitlerista”.

Después de la dictadura de Hitler y muchos años más tarde me tocó vivir en Cuba un año bajo la dictadura de Batista, y cuando cayó, un año bajo la dictadura de Fidel Castro.

Y el fenómeno se repitió; primero se hablaba de reinstalar la Constitución Cubana de 1940, que no conozco, hasta que poco a poco se fue extendiendo ese “manto de precautorio silencio” sobre la población.

Aunque muchos apoyaron a Fidel, sin duda alguna hubo otros que aparentaban hacerlo porque les era conveniente si querían vivir en paz.

Sr, Soto, además de estos dos ejemplos que yo viví, es de todos conocido que las dictaduras que han existido recientemente en diferentes países, las cuales han privado a la población de libertad, no han dejado nada bueno.

Eso no lo quiero para México.

Twitter: @RCasparius