Migrar para no descender

Los migrantes de clase media suelen vivir experiencias de movilidad social descendente: los que fueron ingenieros, médicos y dueños de negocios en su tierra natal, son plomeros, enfermeros y empleados en su nueva patria
Migrar para no descender
Inmigrantes que fueron médicos deben conformarse con ser enfermeros en su nueva patria.
Foto: Archivo/J. Emilio Flores / La Opinión

Migración

La semana pasada volví a uno de los temas que me interesa cada vez más: el de la migración como fábrica para crear y reconstituir a las clases medias en el mundo. En la entrega anterior me avoqué a analizar la migración como estrategia para ascender. Es decir, para pasar de la clase trabajadora a la clase media. Y como lo prometido es deuda, hoy le entro al tema del uso de la migración como estrategia para frenar la movilidad social descendente y mantener o recuperar el estatus clasemediero.

Este tipo de situación se da cuando miembros de clases medias o de las élites de un país se ven obligados a emigrar a causa de transformaciones políticas y económicas en su lugar de origen. Hay ejemplos memorables, sobre todo relacionados con los efectos de las grandes revoluciones del siglo pasado: buena parte de las élites aristocráticas y las clases medias rusas salieron rumbo al exilio a Europa occidental luego de la revolución de 1917. Muchos de esos exiliados transitaron durante largos años por trabajos manuales que nunca hubieran realizado en su tierra natal. Algunos, no todos, utilizaron su educación, relaciones sociales y recepción más o menos favorable en el país de destino, para hacerse de un lugar en la clase media del exilio.

¿Se trata de un caso único o raro? Para nada. Lo mismo sucedió con los cubanos que huyeron luego de la revolución castrista y que pararon en Miami y con los iraníes que no comulgaban con el fundamentalismo islámico y que terminaron en Los Ángeles. En este conjunto también entra el caso de los colombianos que buscaban escapar de la violencia política y del narco y los profesionistas y pequeños empresarios venezolanos que no se entienden con el chavismo.

Los migrantes de clase media suelen sufrir experiencias de movilidad social descendente en el lugar de destino. Los que fueron ingenieros, médicos y dueños de negocios en su tierra natal, son plomeros, enfermeros y empleados al servicio de otros en su nueva patria. Hay distintas razones que explican este descenso inicial: los títulos universitarios de allá, no son reconocidos acá; hay un nuevo idioma que aprender; no se tienen contactos con el mundo profesional o no se cuenta con documentos para trabajar y residir legalmente en el país de inmigración.

No pocos migrantes de clase media tratan de superar estos obstáculos creando sus propias pequeñas empresas: tiendas, restaurantes, algún taller de manufactura. La inversión de capital no tiene que ser grande y los miembros de la familia pueden ayudar. Y si no, siempre se podrá contratar a otros inmigrantes. En el contexto del autoempleo, los títulos universitarios no importan; lo que vale son las horas que se le meten a la empresa y un mínimo de habilidad para los negocios. Un buen ejemplo de este patrón lo tenemos en Los Ángeles: se trata de la migración coreana. Los coreanos se han reconstituido como clase media en esta ciudad en interacción con los inmigrantes latinoamericanos—tema que trataré la semana entrante.