¿Seré una mala madre?

Controversia sobre las declaraciones de Chirlane McCray abre una puerta para el debate

Te preguntaste alguna vez si eres una mala madre? ¿Existe una receta para ser una “buena mamá“?

La mayoría de la gente probablemente coincida en que una mala madre es aquella que abusa de sus hijos, no los cuida, no los alimenta, o quien les corta las alas para que fracasen cada vez que intenten volar.

La lista de características de una mala madre es larga, pero también arbitraria y subjetiva de cada cultura.

El pasado fin de semana, la primera dama de Nueva York, Chirlane McCray, causó controversia por sus declaraciones a la revista New York.

La primera dama explicó que toda su vida había salido a trabajar, y que le había costado acostumbrarse al cuidado de los niños. Algunas publicaciones tergiversaron sus comentarios y se apresuraron a criticarla.

Lo cierto es que más allá de la manipulación de comentarios por parte de los medios, las declaraciones de McCray abrieron las puertas para el debate de un tema plagado de mitos.

Cuesta creer que en el siglo XXI, haya quienes siguan criticando a las mujeres por sentir y hacer lo mismo que hacen los hombres, a quienes en su lugar, elogian.

Cuando Bill Clinton se presentó como candidato presidencial, nadie se cuestionó quién cuidaría a su hija, pero cada vez que se menciona la candidatura de su esposa Hillary, los medios se aseguran de cuestionar las responsabilidades de abuela que la candidata podría descuidar de ser elegida.

Muchas personas repiten frases políticamente correctas y perpetúan mitos que no son ciertos, por temor a ser juzgados, excluidos, o porque simplemente es más fácil que forjarse una opinión propia.

La realidad es que desde el comienzo de la humanidad, las mujeres han salido a trabajar. En la antigüedad, se ocupaban de las tareas de agricultura, y durante la revolución industrial de fines del siglo XVIII, las mujeres cobraban un salario por las tareas que realizaban en las fábricas, a la par de niños menores de edad – la idea de “infancia”, tal como la conocemos en la actualidad, es una noción relativamente moderna, que apenas nació a fines del siglo XVII-.

Pareciera que la sociedad puede aceptar que una madre salga a trabajar por necesidad, pero no perdona a aquellas que confiesan disfrutarlo.

Julia Cerezo tuvo a su primer y único hijo a los 42 años, luego de más de 18 años de vida laboral.

“Empecé a trabajar a los 23 años y toda mi vida estuvo orientada a mi carrera”, recordó Cerezo, periodista residente en Nueva York. “Yo no sabía nada sobre niños. El trabajo de madre no es el más difícil, pero sí el más exigente”, indicó.

En su lucha interna, Cerezo sentía culpa de dejar a su niño, “porque amo a mi pequeño más que a nadie en el mundo”, pero al mismo tiempo añoraba sus días profesionales y la independencia de un salario.

“La maternidad es algo muy solitario. Cuando tienes un hijo, te conviertes en otra mujer, con otras preocupaciones, y tienes que realinear tu identidad”, explicó Cerezo. “Quien no entiende de estas cosas, es porque no entiende el mundo y tiene más prejuicios que conocimiento”, agregó sobre las críticas.

Cristina Muñiz, contadora en una agencia de impuestos en North Hollywood, California, tuvo una experiencia similar a la de Cerezo.

“A las poca semanas de tener a Jessica, me di cuenta de que quedarme en casa no era para mí. A mi esposo, en cambio le gustó la idea de cuidarla. Me costó mucho llegar a dónde estoy y siento orgullo de mi carrera. Como profesional, puedo ser tan buen ejemplo para mis hijos como cualquier otra madre”, aseguró.

Muñiz contó que en la compañía donde labora le permitieron tomarse seis meses por maternidad.

“Pero al cabo de los seis meses, estaba feliz de volver a trabajar”, confesó. “El hecho de que disfrute lo que hago y la gente con la que trabajo, no me hace una mala madre. Al contrario, creo una mamá feliz hace más felices a sus hijos que una madre frustrada”, opinó.