Temerosos por la cultura ‘anglo’

En necesario que culturas distintas aprendan a convivir
Temerosos por la cultura ‘anglo’
Necesitamos aprender a convivir aunque tengamos diferentes culturas.
Foto: Archivo/J. Emilio Flores / La Opinión

Burbujas

El martes pasado fui invitado a dar una plática privada sobre México y sus relaciones con Estados Unidos. Asistieron alrededor de unas 40 personas, algunas de ellos ejecutivos retirados y otros aun en la vida activa.

El tema fue delicado porque las relaciones entre ambos países no siempre han sido muestra de cordialidad, pero mi punto principal fue que queramos o no, somos vecinos, y que como tales, hay que buscar la forma de mejorar las relaciones.

Entre los asistentes había anglos de diversos orígenes. Muchos de ellos, o sus recientes antepasados, emigraron de distintos países y fueron creando la diversa cultura “americana” que actualmente llaman “anglo”.

Tuve la impresión, por la intervención de una de las personas, y el consentimiento de varios a lo que este estaba diciendo, de que existe una gran preocupación por lo que muchos consideran una invasión cultural latina que pueda alterar la cultura “anglo” de la que presumieron.

Pero estas diferencias entre anglos y latinos no son nuevas… existen desde los imperios ingleses y españoles, y sus colonias, hasta la actualidad.

Por otro lado, es notable la postura generalizada que lo bueno es de este lado y lo malo está al sur de la frontera. Se habla del crimen en México como si aquí no hubiera…

Alguien mencionó, sin que fuera parte de la discusión, que los latinos indocumentados estaban teniendo muchos hijos y que eso podía ser una carga para el sistema educativo de los Estados Unidos en el futuro.

Días anteriores había yo leído que se estima que hay cuatro millones de niños, hijos de indocumentados, nacidos en este país, y que varios sociólogos hicieron ese señalamiento.

Casi todos estos días pienso en esos cuatro millones de niños candidatos a ser huérfanos porque ni el gobierno estadounidense, ni ninguno de los dos grandes partidos han tenido la ética moral para exigir que el país deje de deportar a los padres de estos niños.

Cuatro millones son muchos, pero aunque fuera uno solo, es un ciudadano por haber nacido en este país con todos los derechos de cualquier otro. Es absurdo que un país que predica su ética en el mundo pueda cometer actos que independientemente de su legalidad carecen de moral. Todo niño a quien dejan sin padre o sin madre por deportarlos es afectado y además estamos rompiendo la estructura familiar que es la base de toda sociedad.

En este caso, no estoy defendiendo a los indocumentados, de los que ya he hablado en muchísimas ocasiones. Sigo sigo creyendo lo absurdo que no se regularice una situación en beneficio del país en que ellos viven, pero cualquier cosa que se haga no puede ser en perjuicio de los pequeños ciudadanos que no tienen responsabilidad alguna y que han nacido aquí.

Si alguna vez defendí la posición de los que fueron traídos de niños, que han crecido, se han educado y trabajan aquí, argumentando que me parecía justo que se les diera la residencia y ciudadanía. Mucho más ahora que se trata de ciudadanos a quienes se perjudica directamente al dejarlos sin padre o madre.

Esto no quiere decir que quien llegó al país sin documentos y ha permanecido aquí muchos años, no tenga alguna penalización por haber violado la ley de inmigración. Pero nunca en perjuicio de ese pequeño ciudadano que ha nacido aquí.

Es urgente que Obama suspenda las deportaciones que están destruyendo la unidad familiar.

Por supuesto que entre lo que se habló fue la enorme extensión de la frontera de México y la imposibilidad de mantenerla totalmente sellada.

Les hice notar que los 2000 y pico de millas de la frontera entre el país más poderoso del mundo y México, equivalía en distancia a cuatro horas de vuelo de uno de los modernos jets, o sea una distancia mayor que de Houston (donde fue la plática) a New York,. Hacer muros y buscar controlarla está condenado al mismo fracaso que la muralla China, que se construyó para evitar que los mongoles invadieran, pero con una enorme diferencia: en nuestro caso la frontera se delimitó separando familias mexicanas que quedaron en distintos países.

Hice notar que a lo largo de esa frontera, cuando menos 10 o quince millas a cada lado, hay una cultura fronteriza muy especial y diferente a la propia de ambos países.

Hablamos de mil cosas más en la reunión sobre nuestros países, y también comentamos asuntos de interés como el caso de Costa Rica, único país en el mundo que no tiene militares y por lo tanto no ha tenido dictaduras de generales como muchos otros países de Latinoamérica, ni dedica gran parte de su presupuesto a sostener un ejército.

El tema central de la plática siempre giró alrededor de la idea de que somos vecinos, uno rico y otro pobre, con diferencias y particularidades que nos distinguen pero que a su vez nos permiten compartir para enriquecernos mutuamente.

En este país de libertad, es un privilegio poder tener estas pláticas y escribir tranquilamente sobre la problemática de estos dos vecinos.

Son dos culturas distintas pero no necesariamente opuestas.

Necesitamos aprender a convivir.