Paralización de la reforma

¿Cual es el plan de Obama para la reforma migratoria?
Paralización de la reforma
Los varios intentos de La Casa Blanca para aprovar una reforma migratoria a sido imposible hasta el momento.
Foto: EFE

Inmigración

Si el actual callejón sin salida de la reforma migratoria no es el perfecto ejemplo de lo incorregible que es Washington, no sé qué lo es.

Comprendamos el momento: El presidente Obama retrasó la revisión del Departamento de Seguridad Interna (DHS) para determinar qué puede hacer el gobierno mediante una acción ejecutiva, a fin de que los republicanos puedan tener el espacio que necesitan para aprobar su propio paquete de reforma migratoria este verano, quizás.

Eso ocurrió el mismo día que se dio a conocer la noticia de que la campaña de reelección del líder de la mayoría en la Cámara, Eric Cantor, había enviado folletos por correo destacando su papel en “detener el plan Obama-Reid para conceder una amnistía a los inmigrantes ilegales”.

Quizás la movida de Obama sea una perfecta estrategia maniquea para asegurar que, una vez que los republicanos no concuerden nuevamente con ninguna reforma migratoria que sofoque la ira de los electores latinos, él pueda descender en picada con populares aplazamientos de la histórica tasa de deportaciones de su gobierno. O quizás es, simplemente, un plan estúpido.

Recientemente, hubiera apostado a que el gobierno de Obama pronto utilizaría la revisión del DHS como plataforma para anunciar una amplia decisión ejecutiva que también, coincidentemente, agradaría a sus seguidores latinos e inmigrantes. Los pronósticos cada vez más histéricos de que los demócratas iban a recibir una paliza en las elecciones de mitad de período estaban ganando peso.

El 15 de mayo, Jeh Johnson, secretario de DHS apareció en NewsHour de PBS, asegurando a los espectadores que el controvertido programa Comunidades Seguras —por el que la policía local trabaja con los funcionarios federales de inmigración en los casos de remoción del país— requería un “nuevo comienzo” y que él había “hablado a un número de individuos, grupos preocupados, sobre el potencial para expandir el programa DACA [Acción Diferida para los que Llegaron de Niños], revisando nuestras prioridades de remociones”.

Pero Johnson agregó a eso un firme: “Y debo decir que debemos ser cuidadosos en no adelantarnos al Congreso en ciertas áreas. Ellos son los legisladores. Todo lo que hagamos en la rama ejecutiva, debemos hacer dentro de los confines de la ley existente.” Eso suena como un descargo de responsabilidad de que las cosas podrían resultar de ambas maneras.

Ahora parece inevitable que, en última instancia, ningún partido hará nada para aprobar la reforma migratoria.

Si la decepción expresada por acólitos declarados de Obama es una indicación, hasta un cambio de 180° de otorgar a los republicanos tiempo para llegar a un acuerdo —basado, por ejemplo, en suspender toda actividad de deportación— perjudicará no sólo al presidente sino a todos los demócratas durante un tiempo.

La frustración palpable en la serie de cansadas e indignadas declaraciones, que fluyeron de algunas de las mayores organizaciones en defensa de los intereses de los inmigrantes, fue condenatoria.

“El presidente dice que está dando a los republicanos de la Cámara suficiente espacio para aprobar la reforma migratoria en esta sesión del Congreso,” expresa Lawrence Benito, director ejecutivo de la Illinois Coalition for Immigrant and Refugee Rights. “Pero para miles de familias que serán separadas en las próximas semanas, simplemente esperar que los republicanos de la Cámara actúen en cuanto a la reforma migratoria no es nada más que una promesa hueca”.

Otras declaraciones señalaron las continuas excusas infundadas de los republicanos pero, más a menudo, mostraron una profunda decepción ante los pasos aparentemente regresivos que está tomando el gobierno de Obama.

Los “dreamers”, esos jóvenes activistas que podrían estar habilitados para recibir ayuda bajo la propuesta Ley Dream, pero que después prometieron luchar para que se aliviaran las deportaciones de todos los inmigrantes presentes en el país ilegalmente, se pusieron especialmente furiosos.

“Es una traición a la comunidad tratar de dar cobertura a la Casa Blanca,” expresó a BuzzFeed Lorella Praeli, directora de política e incidencia de United We Dream, refiriéndose a las organizaciones de incidencia que instaron al gobierno de Obama a continuar procurando un acuerdo legislativo bipartidista.

“Es una traición decir vamos a poner sus vidas en suspenso y a permitir que ustedes y sus familias corran riesgos, y dar espacio a los republicanos que aún no se han pronunciado en este asunto. Ambos partidos han realizado maniobras políticas con nuestras familias durante demasiado tiempo y toda organización de incidencia que sea cómplice de eso debe rendir cuentas.”

Sería simplista creer que este endeble e insatisfactorio conjunto de estratagemas estratégicas de derecha e izquierda pueda producir un resultado plenamente positivo para nadie.

Un acuerdo republicano moderado en algunos de los puntos más espinosos de la inmigración —como una amplia legalización— perturbaría a un partido ya dividido y, peor aún, cosecharía un tipo aún más desagradable de retórica anti-inmigrante en el camino hacia las elecciones de 2016. Y un plan de Obama concediendo acción diferida para todos dejará a los latinos con el mal sabor que produce ser utilizados como peones políticos.

¿Y todos los demás? Tendrán justificación para desconfiar aún más de los políticos de Washington.