La zafra es un duro despertar

Los jornaleros de la caña son repatriados que han dejado sus sueños en EEUU
La zafra es un duro despertar
'Llevaban muchos años allá y aquí las cosas son más duras: tienen que comer en el piso del campo, no hay baños, es difícil', dice un productor local.
Foto: Gardenia Mendoza

ATENCINGO, México.— A las cuatro de la mañana, con lámpara y machete en mano, cortadores de caña salen de sus pequeñas casas de techos de lámina con desanimo: el trabajo será duro para los 12 dólares que ganarán en ocho ó 10 horas, hasta 100 dólares menos de lo que muchos llegaron a ganar en Estados Unidos.

Pero no hay más. La zafra es la fuente absoluta de empleo en este poblado mixteco de Atencingo, Puebla, donde se han ubicado algunos de los 5,127 poblanos repatriados entre enero y abril de este año, según cifras del Instituto Nacional de Migración .

La oficina regional de la Confederación Nacional Campesina (CNC) calcula que alrededor de un millar de los jornaleros que laboran en el corte de caña de Atencingo ya fueron y regresaron deportados varias veces.

La alternativa de reintentar el cruce está siempre en mente, a veces desde antes de las 6:00 de la mañana, cuando pedalean sus bicicletas camino al trabajo por los ejidos de Zolonquiapa, Atzala y San Nicolás Tolentino con el estómago vacío hasta la el almuerzo.

A las 9:00 de la mañana, cuando comen los primeros 20 tacos de frijol al día y el ambiente roza los 40 grados centígrados, cada cortador ya acumuló dos o tres toneladas de caña entre pensamientos de amigos, esposas, hijos y vida que dejaron en la Unión Americana.

Un muchacho no olvida el verano de Nueva York, cuando salía a pasear por la playa, ni el sueño de comprar una casa a su madre; un padre de familia añora a sus hijos estadounidenses que ve solo cada dos años, cuando estos lo visitan; otro hombre recuerda cuando podía comprar cualquier tipo de comida.

“Con frecuencia enferman de diarrea”, cuenta Guadalupe González, un productor cañero que contrata a deportados. “Llevaban muchos años allá y aquí las cosas son más duras: tienen que comer en el piso del campo, no hay baños, es difícil”.

Al atardecer todos los jornaleros terminan con las manos llenas de ámpulas y tiznados de pies a cabeza porque para quitar la maleza prenden fuego a la caña antes de que el machete arranque la vara que se convertirá en el dulce de la mesas.

Quizá en el azúcar que México exportará entre las 200 mil toneladas que cada año envía a Estados Unidos.