El milagro de la TV

Antes de la televisión habíamos descubierto el cine que era un chorro de luz que se convertía en gente
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El milagro de la TV
Pero los que empezamos a peinar canas preferimos recordar la época en que la televisión llegó a nuestras casas.
Foto: Morguefile

Papeles

Colombia celebra por estos días con bombos y platillos la llegada de la televisión hace sesenta años. Ni siquiera las elecciones que definirán este domingo si sigue en el poder Juan Manuel Santos o lo remplaza el exministro de Hacienda, Osca Iván Zuluaga, de la corriente del expresidente Álvaro Uribe, ha logrado eclipsar la efemérides televisiva.

Las encuestas arrojan un empate técnico entre los dos aspirantes que han polarizado el país entre seguidores y enemigos del proceso de paz que se adelanta con las FARC, en La Habana. El ELN, el otro grupo guerrillero activo, entraría en un proceso paralelo. Dicho en términos hípicos, el ganador se definirá por una nariz.

El célebre médico Deepak Chopra, de visita en Colombia, no fue ajeno a la controversia y en una de sus intervenciones dijo que “quien gane la elección, sea quien sea, va a representar la conciencia colectiva de este país; si las personas de este país quieren la paz, entonces van a elegir a un presidente que va a negociar la paz; si la conciencia colectiva no está lista para la paz, no van a elegir al presidente que quiere la paz, van a elegir al otro; siempre los líderes representan la conciencia colectiva”.

Los colombianos también tenemos aurículas y ventrículos puestos en el campeonato mundial de fútbol. Hacemos votos de castidad, pobreza y obediencia porque la selección repita la actuación de los colombianos en el giro de Italia donde hicieron el 1-2 con el campeón Nairo Quintana y el segundo Rigoberto Urán.

Pero los que empezamos a peinar canas preferimos recordar la época en que la televisión llegó a nuestras casas. Más que una revelación fue una revolución.

Hace sesenta años, en la mía no había televisión. Veíamos algunos programas sentados en el suelo, en la casa de don Jesús “Conejo” Muñoz, el Bill Gates de la cuadra. Prohibido hablar. Nos tocaba tragarnos callados el asombro que nos provocaba ver gente hablando a través de un vidrio…

Los adultos que leían periódicos de ayer contaban que la televisora nacional la había traído “mi general” Rojas Pinilla, el presidente de entonces.

Lo amábamos a él y a su hija María Eugenia, directora de Sendas, la entidad a través de la cual tuvimos el primer balón. Pero como niños, ajenos a lealtades eternas, celebramos cuando hubo que derrocarlo porque, decían, se estaba volviendo dictador. No sabíamos qué era un dictador pero los mayores ordenaron salir a la calle a festejar.

Don Jesús, padre de 17 hijos, de ahí el apodo de “Conejo”, presidía las veladas meciéndose en una silla que había traído de uno de sus viajes a la costa. Porque Don Jesús y su camada conocían el mar. A los demás nos tocaba imaginar el mar como un eterno aguacero acostado. Otros creían que era alto, como los edificios.

Antes de la televisión habíamos descubierto el cine que era un chorro de luz que se convertía en gente cuando tropezaba con un trapo blanco. Era el milagro de la imagen. El más popular era el cine-manga que nos regalaba de vez en cuando el párroco Hernando Barrientos Cadavid. Ese cine tenía el propósito subliminal de reclutar fieles.

La noche valía la pena por esa televisión a cuenta gotas. Nadie moría de estrés. No se había inventado la lúdica.

La vida era del color del cine y la televisión: en blanco y negro. Pasados sesenta años, Don Jesús, en el cielo donde se encuentre, gracias por la televisión.