Lo que EEUU no ve en los niños migrantes

Las razones de los niños y adolescentes para emigrar son diversas
Lo que EEUU no ve en los niños migrantes
Varios menores duermen en el suelo de las instalaciones de CBP en Brownsville, Texas, donde se albergan temporalmente.
Foto: EFE

No es posible que Estados Unidos hable del narcotráfico en Guatemala, El Salvador y Honduras cuando se refiere a las causas de la migración de niños y adolescentes indocumentados. La prensa citó a la ex Secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, diciendo “Tenemos que hacer más para lidiar con la violencia en Centroamérica”, después de subrayar “las dificultades” de los países del istmo “para enfrentarse a los cárteles de la droga”, y cómo los centros de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) recibieron al menos 47 mil menores de edad desde octubre pasado (entre mexicanos y centroamericanos).

La situación varía (para mejor o peor) de un centro de la CBP a otro, pero existe consenso: se trata de una crisis humanitaria.

Sin embargo, Clinton y el gobierno de los EEUU asumen que: (a) la violencia es el principal factor que hace emigrar a los menores de edad, y (b) la violencia proviene principalmente del narcotráfico. Error. Y GRANDE. Casi cualquier migrante en EEUU puede explicarle al gobierno estadounidense que la principal razón para dejar Centroamérica, rifarse el físico en México, y (para quienes pueden hacerlo) endeudarse para viajar, es económica.

Muchos emigran porque las remesas que envían a sus países permiten que sus hijos estudien en lugar de trabajar; que vivan en casas de cemento y no de adobe, lámina o madera; permite comprar medicinas, o soñar con pagar un trasplante de riñón, o una quimioterapia, algo impensable con un sueldo de albañil, agricultor, chofer de taxi o autobús, en Guatemala, Honduras o El Salvador.

Ahora, las razones de los niños y adolescentes para emigrar son diversas: (a) los padres, al establecerse en EEUU, “los mandan a traer” (si pueden, contratan el servicio de coyote de “puerta a puerta”, o le piden favor a alguien conocido que viaja también que los cuide); (b) extrañan a sus padres y se cansaron de esperarles; (c) son víctimas de abuso doméstico a manos de quien ofreció cuidarles al marcharse los padres a EEUU, y deciden emigrar también, y/o (d) los padres que quieren evitar que las pandillas victimicen o criminalicen a sus hijos, y los envían a EEUU

La violencia también es un ingrediente de este círculo vicioso, pero no proviene sólo del narcotráfico. Tiene un impacto directo en los ingresos de muchas familias. En algunas zonas, si una familia se sostiene con una panadería, o un salón de belleza, o con un empleo de taxista, debe pagar una cuota a las pandillas por trabajar en “su territorio”—o morir ejecutada. Por falta de dinero para pagarles, muchos cierran sus negocios. Si quien sostenía a la familia es asesinado o incapacitado en un hecho de violencia, peor. Si sobreviven (o pagan) la extorsión, la violencia del vecindario hace que los clientes e ingresos escaseen. El negocio, y los empleos que generaba, se vuelven insostenibles.

Las necesidades básicas insatisfechas (salud, seguridad, empleo) no se resuelven de un plumazo. Pero los gobiernos no las abordan como una política a largo plazo, especialmente en las comunidades donde se originan más migrantes.

El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, pidió que no se deporte a los niños indocumentados que llegaron a EEUU (algo que EEUU no comparte), abogó por el TPS (Status de Protección Temporal) para los guatemaltecos y la reforma migratoria, en la reciente visita del vicepresidente estadounidense Joe Biden a Guatemala. Estas medidas traen beneficios, pero no mitigarán la marea migrante hacia EEUU. Con las condiciones socioeconómicas precarias y de inseguridad en la región, no habrá TPS ni reforma migratoria que alcancen, porque la migración no se detendrá. Sólo en 2014, se estima que al menos 60 mil niños y adolescentes indocumentados llegaran a la frontera de EEUU.

Ahora, EEUU propone que Guatemala y México fortalezcan su frontera para evitar el paso de los menores de edad hacia el norte. Pero, ¡si se estima que salen 18 menores de edad por día sólo de Guatemala! ¿Será que para detener a niños y adolescentes las autoridades mexicanas y guatemaltecas son más eficientes que para detener la droga traficada hacia el norte, y/o las armas y dinero traficados hacia el sur?

Por desdicha, el paso de los menores también es un negocio. Pasan porque corre dinero de por medio, o caen en redes de trata de personas que lucran con ellos.

El hacinamiento de niños y adolescentes en los centros del CBP no se evita persiguiendo narcos. Se resuelve dando a los padres razones para no migrar, razones que los gobiernos de sus países aún no tienen la voluntad política para construir a largo plazo.

Pero tampoco abonan a corregir la plana a EEUU, y a lo mejor hasta les conviene así: echarle el muerto al narco, y no trabajar en un compromiso duradero para limpiar la casa propia. No, eso no se les da a los gobernantes centroamericanos. Prefieren la explicación fácil. Y se las está dando el gobierno de los Estados Unidos.