Mexicana disfruta trabajar en el “Palacio Rosado”

Una mujer mexicana es supervisora del famoso y lujoso hotel Beverly Hills
Mexicana disfruta trabajar en el “Palacio Rosado”
María Valle ha perdido la cuenta de la cantidad de celebridades que ha atendido en el lujoso hotel Beverly Hills.
Foto: Aurelia Ventura

Al cruzar un largo pasillo del lujoso hotel Beverly Hills, María Valle ve de reojo el cuarto 121 y cuenta que era el favorito del fallecido cantante Michael Jackson. La última vez que “El Rey del Pop” lo ocupó, dice, fue en 2008, un año antes de que falleciera por abuso de fármacos en una mansión en Bel-Air.

El cuarto 121 es uno de los más grandes del hotel. Jackson también alquilaba la suite presidencial. “Quizás porque tenía entrevistas o reuniones de negocios”, explica Valle, quien hace 19 años entró a trabajar como recamarera en dicha hospedería y actualmente es supervisora.

Nacida en el estado de Jalisco hace 55 años, Valle ha perdido la cuenta de la cantidad de celebridades que ha atendido. El nombre de la actriz mexicana Thalía le viene a la mente antes que el de Jackson. “Me gusta mucho trabajar en este hotel”, dice con una gran sonrisa.

Por más de cien años, el hotel Beverly Hills, también conocido como el “Palacio Rosado”, ha estado en el gusto de la élite de Hollywood. Asentado en un terrero de 12 acres, en sus 208 habitaciones se han hospedado artistas de la talla de Elizabeth Taylor, Marilyn Monroe y Robert De Niro.

Ahí es muy complicado que una celebridad sea atendida por una recamarera que no sea latina. Ellas integran el 98% de la plantilla en el área de limpieza.

Una de las políticas del hotel, detalla Valle, es brindar un servicio de calidad sin distinguir clientes.

“Nosotros aquí respetamos a toda la gente que viene, que son de distintas nacionalidades”, expresó.

Valle abre la puerta del cuarto 117 y muestra uno de los orgullos del Beverly Hills, cede tradicional de la fiesta previa de los premios Oscar. La habitación es amplia, tiene un piano brillantísimo y la alfombra es gruesa y suave (da la sensación de que se camina sobre una cancha profesional de futbol).

María se dirige a la recámara y revisa que las sábanas y colchas sobre la cama no tengan una sola arruga. Luego prende el televisor para revisar en qué canal lo dejó el último huésped. Todo está en orden.

La tapatía quiere hacer esto por al menos otros diez años. “Me encantaría jubilarme en este hotel”.