Irak: al borde de la desintegración

Irak: al borde de la desintegración
Voluntarios chiítas reclutados para luchar contra las fuerzas de seguridad iraquíes gritan eslóganes.
Foto: EFE

Al momento de redactar esta nota la prensa internacional da a conocer que los fundamentalistas suníes, que llevan a cabo la ofensiva jihadista, se habrían hecho con el control del principal centro productor de petróleo en Irak. Ante la amenaza que representan estas implacables organizaciones armadas, que se aglutinan en el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), especialmente Francia y Estados Unidos hicieron un llamado al Ejecutivo iraquí, para formar un gobierno de unidad nacional.

La situación ha escalado su nivel de complejidad, cuando el Primer Ministro iraquí —que aspira a un tercer mandato y ocupa el cargo desde 2006- Nouri Al-Maliki, se ha negado a esa petición. A lo que específicamente se referían los ministros de exteriores desde Paris y Washington, era que en un nuevo gobierno, se tuviera -además de representantes chiitas- delegados de sunitas y del grupo kurdo.

La negativa de Maliki, deja sin piso la intención de que el gobierno del país pueda tener una conformación plural. Se tendría la legitimidad legal en la constitución del nuevo parlamento –electo en abril pasado. Pero se busca que con un poder ejecutivo que incluya a los diferentes grupos, se instalara un escenario propicio a la búsqueda de consensos que se imponen tan imprescindibles como urgentes en el territorio iraquí.

Existen varios factores que favorecen la complicación y gravedad de la situación en el país. En primer lugar, la conformación de los grupos en función de sus orígenes de raza y credo religioso. Los sunitas son minoría en Irak y en Irán; la mayoría musulmana de esos dos países está constituida por chiitas. Pero los sunitas son prácticamente mayoría en otros países musulmanes.

Eso promueve las condiciones para que se sospeche que integrantes del EIIL, en su imparable avance desde la zona norcentral de Irak, cuenten con apoyo de suníes de Arabia Saudita. De esta forma, las autoridades saudíes buscarían frenar la conformación de un bloque chiíta entre Irak e Irán. Es de subrayar que durante la guerra entre esos dos países —llevada a cabo del 22 de septiembre de 1980 al 8 de octubre de 1988- los chiíes mayoritarios de Irán, con predominio de cultura persa, apoyaban a integrantes de su mismo grupo en Irak.

A estos dos grupos de la cultura islámica, se agregan los kurdos. Se trata de una población que ha quedado sin territorio propio y cuyos integrantes ocupan parte de lo que es Irak, Irán, Turquía, Armenia y Siria. En total, el pueblo del Kurdistán sumaría unos 34 millones de personas.

Ellos tuvieron la promesa de contar con un territorio soberano luego de la Primera Guerra Mundial, con el tratado de Sévres, pero esta iniciativa no llegó a concretarse. Se reporta que ya en 1988 fueron atacados mediante armas químicas por Sadam Husein –perteneciente a la minoría suní que detentaba el poder. En 1991 los kurdos protagonizaron una revuelta contra Irak.

El mayor peligro, es que ahora, ante la falta de representación política iraquí, el territorio del país se llegue a desmembrar. De esa cuenta se tendrían tres territorios soberanos: (i) el norte kurdo; (ii) el centro suní; y el sur, mayoritariamente, con población chiíta. Esto es lo Occidente, a toda costa, desea evitar. Ya para el 26 de junio, John Kerry y representantes de la política exterior conjunta de la Unión Europea, han hecho un llamado a los kurdos, a efecto de que respalden la conformación de un gobierno de unidad nacional y que se mantengan dentro de la cohesión territorial iraquí.

Es indudable que la Casa Blanca se ha dado cuenta que la aventura armamentista que fortaleció con la invasión a Irak, desde el 20 de marzo al 1 de mayo de 2003, agitó, con todo entusiasmo, un auténtico avispero. Con la persistente paciencia de los siglos, en este país se han venido añejando disputas sin descenso. Los resentimientos se cobran vidas sin escrúpulos. Eso da base a los acontecimientos que desembocaron sangrientamente en la ejecución de 1,200 soldados iraquíes a manos del EIIL, a inicios de este mes de junio.

Lo que se encuentra en juego en la región es la unidad de Irak y la precaria estabilidad de Medio Oriente. El Primer Ministro Maliki debe ceder a la conformación de un gobierno en donde los tres grupos minoritarios –suníes, chiítas y kurdos- estuviesen representados. Es lo mínimo si se desea buscar el consenso nacional. No hacerlo es atizar más la conflagración. Desde ya, los adversarios del Presidente Obama, en Washington, le cuestionan la salida militar de Irak desde 2011, mientras tanto, los yihadistas avanzan sangrientamente en la toma de importantes ciudades.