Corrupción en la frontera de EE.UU. ¿Sorprende?

La corrupción en la frontera México-EE.UU. no genera inseguridad en Centroamérica, pero es un incentivo.

Aún así, la corrupción en la frontera estadounidense parece despeinar a pocos.
Aún así, la corrupción en la frontera estadounidense parece despeinar a pocos.
Foto: Archivo / EFE

Y ¿por qué en la frontera EE.UU.-México pasan hacia el norte niños (y personas de todas edades), droga, y quién sabe qué otras cosas, y hacia el sur, armas y dinero? Por esto: “EE.UU. investiga por narco [y vínculos con el crimen organizado] a 2 mil agentes”. Así tituló su portada el diario mexicano “El Universal” el 25 de junio pasado. Desplazó la noticia el escándalo de la ola de migrantes indocumentados menores de edad hacinados en albergues de EE.UU., pero los dos temas van de la mano.

Las repercusiones llegan hasta las entrañas de EE.UU. y Centroamérica. Claro, la corrupción en la frontera EE.UU.-México no genera inseguridad en la región, pero es un incentivo. El Universal publicó que, según el Departamento de Seguridad Interna (DHS, por sus siglas en inglés), los agentes de la Patrulla Fronteriza, y otras agencias estadounidenses, son investigados por recibir “sobornos a cambio de protección, FACILITAR CRUCES, escoltar embarques, espiar enemigos, ubicar a ‘soplones’ y traficar droga de los cárteles mexicanos en la frontera con México y en territorio estadounidense”. ¡Pero esto no es nada nuevo!

El artículo señala que entre 2005 y 2011 “sólo 154 funcionarios” (principalmente de Aduanas y de la Patrulla Fronteriza) fueron sentenciados por actos de corrupción (muchos, vinculados al narcotráfico, según el Centro de Periodismo de Investigación de EE.UU.). De estos “49 tenían un promedio de cinco años en el cargo”; el resto, entre 10 y 16 años. Sólo tres tenían un año en el puesto. Pero, ¿hasta dónde llega la cola de todo esto?

No fue primicia que Rafael Cárdenas Vela, sobrino del ex jefe del Cartel del Golfo, Osiel Cárdenas Guillén, según El Universal, dijera ante un juez en Texas en 2012 que sobornó a agentes de Aduanas y la Patrulla Fronteriza, y que estos “gastos operativos” alcanzaban mensualmente $1 millón de dólares. En 2001, bajo el sugerente título, “Tú me acostumbraste, a todas esas cosas…”, en el semanario Zeta de Tijuana, su fundador, el periodista mexicano Jesús Blancornelas (1936-2006), hace palidecer los cañonazos de dólares de Cárdenas Vela.

Blancornelas reprodujo este hallazgo del periodista Alfredo Corchado, del Dallas Morning News: un joven agente de la Border Patrol vivía en California en una mansión de $200 mil comprada al contado, con cinco vehículos de último modelo, dos yates, una colección de cien armas de fuego, y una cuenta bancaria de $45 mil. Su salario anual era de $20 mil. Al final, cayó por su propio peso, en la cárcel. Pero, obviamente los sobornos continuaron. Blancornelas también reveló que en 2000, “fueron descubiertos 28 agentes de Aduanas e Inmigración de EE.UU. ligados a las mafias de su país” y México. Según el periodista, “algunos agentes hasta se trepaban a los camiones con droga, ayudaban a choferes a pasar retenes en territorio estadounidense más adentro; llegaron a vender droga personalmente, y transmitieron información privilegiada a los cárteles sobre las estrategias oficiales antinarco”.

Esto ocurrió hace 14 años. Sin embargo, ahora la Oficina de Auditoría Gubernamental (GAO, por sus siglas en inglés), “descubrió” (¡!), según publica El Universal, “que la oficina de asuntos internos de Aduanas y Protección Fronteriza carecía de mecanismos para controlar a sus agentes (exámenes de polígrafo, antecedentes penales)” y determinar si eran idóneos para el puesto. Al parecer, la preocupación comenzó en 2008, pero no de manera uniforme.

El diario mexicano Vanguardia, que cita al Consejo Americano de Inmigración, divulgó que “la Patrulla Fronteriza no ejerció acción alguna en el 97 por ciento de quejas por maltrato recibidas entre 2009 y 2012”. Si bien es maltrato, no corrupción, esto refleja fallas que contribuyen a re-victimizar a las víctimas y perpetuar la criminalización de algunas autoridades.

¿Y cómo afecta la corrupción de la frontera EE.UU.-México a la región? Ya se sabe. Si sorprendieron a 52 mil menores de edad en la frontera es porque una buena parte de quienes llegaron antes sí pasaron (la cifra brincó de 6,800 a 13 mil, a 24 mil y a 52 mil entre 2011 y 2014).

Con la excepción de Venezuela, en Centroamérica están las tasas de homicidios más altas del continente, donde 8 de cada 10 homicidios ocurren con arma de fuego, y 4 de cada 10 armas de fuego ilegales incautadas se rastrean hasta compras en Estados Unidos. Está la depredación de las pandillas, y el trasiego de cerca del 80 por ciento de la droga enviada a EE.UU., que deja una estela de muerte. Esto sin contar la pérdida económica para la región, uno de los detonantes de la migración.

En junio pasado, el legislador republicano Michael McCaul le dijo a El Universal que “un solo empleado colaborando con un narcotraficante o un terrorista puede poner en total riesgo al país [EE.UU.]”. Pero se quedó corto. Corre riesgo la región completa. Aún así, la corrupción en la frontera estadounidense parece despeinar a pocos. Pero sus causas y consecuencias nos conciernen a todos, en EE.UU., México y Centroamérica.