5 desenlaces de la crisis de los niños migrantes

Estas son algunas de las opciones, de boca de quienes las propone. Algunas no son soluciones, sino deseos, pretensiones, engaños. Y ninguna tiene consenso.
5 desenlaces de la crisis de los niños migrantes
Parte de los fondos que solicita Obama son para la interdicción y enjuiciamiento de redes criminales que traen a los niños a EEUU.
Foto: Getty

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Desde octubre pasado hasta mediados de junio, la Patrulla Fronteriza estadounidense detuvo a 52,000 niños, la mayoría de los cuales siguen “albergados en instalaciones del Departamento de Defensa”.

Pero ese número no dice nada. Es solamente un número.

Sí en cambio dice mucho dice esta foto, en donde un agente fronterizo, muy profesionalmente, llena la planilla con que procesará a Alejandrito, un pequeñín de ocho años, que cruzó solo con su certificado de nacimiento, la evidencia de que él es él mismo.

La foto es de Jennifer Whitney, del New York Times.

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Son niños como nuestros niños, a quienes llevan para cruzar solos la frontera, como si fuesen huérfanos de guerra, o sobrevivientes de un bombardeo, de un naufragio, de un cataclismo. Niños y muchas veces ellos con sus familias, a quienes los padres traen porque alguien, artera y falsamente les dijo en el camino que no los van a echar si vienen con los pequeños a cuestas.

Pero los echan, sí señor, a ellos y a sus familias. O no los echan por el momento, pero tampoco los reciben. O los reciben, sí, pero los encierran, los encarcelan, los aislan, los esconden.

Los números se sobreponen. Más niños. ¿Cuántos llegaron? ¿Cuántos llegarán? Y ¿por qué?, ¿por qué vienen?, ¿por qué ahora?

En la confusión, las palabras se atropellan, las políticas de antaño se hacen añicos, no sirven, no responden, siguen viniendo.

Porque son niños, hay que tratarlos como tales. Porque el país, Estados Unidos, como país, quizás no pueda recibirlos. Pero nosotros, sus habitantes, como seres humanos, no podemos rechazarlos.

Entonces, ¿qué hacer a esta hora, a esta hora exactamente cuando hay un niño en la calle?

Estas son algunas de las opciones, de boca de quienes las propone. Algunas no son soluciones, sino deseos, pretensiones. Ninguna tiene consenso.

La mirada firme y dura, la voz estentórea, las palabras cortantes: échenlos, devuélvanlos de donde vinieron. La culpa es de los padres, de los gobiernos extranjeros, de otros. Así dicen. Esta “solución” empezó, como es natural, con los más conservadores y antiinmigrantes, como el comentarista Rush Limbaugh, para quien el llamado de deportación es el clamor del pueblo: “No es el Tea Party. Es el pueblo americano”.

Y el 3 de julio, 33 “miembros republicanos enviaron un mensaje al Presidente Barack Obama demandando que detenga la inmigración ilegal en la frontera ya, para aclarar que estos migrantes serán regresados a sus países de origen”.

Que lleguen huyendo de la pobreza no es problema de Estados Unidos. Que se vayan ellos, dijeron esta semana en Murrieta, California los antiinmigrantes que impidieron el traslado de familias de indocumentados con niños a un campo de detención local.

Pero ahora, en un cambio significativo es el mismo gobierno federal quien lo dice: todos o casi todos serán deportados. Y los inmigrantes deben saberlo, para que no vengan más.

“Obama”, dice el título, “frustrado con la inacción republicana, deportará a los menores“.

Y si los padres viven en Estados Unidos, mala suerte, dice el gobierno: no habrá reunificación familiar.

La diferencia entre republicanos y demócratas en este sentido sería que los republicanos deportarían en pleno día y con alegría, y los demócratas, en el amparo de la noche y con verguenza.

Los presidentes de los países centroamericanos de donde provienen los jóvenes migrantes – Honduras, Guatemala, El Salvador – propician la reunificación familiar. Si los padres viven en Estados Unidos, sea legal o ilegalmente, que les dejen quedarse.

También lo proponen otros comentaristas en medios latinoamericanos, como La Jornada:

“La solución más fácil, económica, justa y humanitaria es entregarlos a sus familias”.

Algunos esperan que el sufrimiento de los chicos no sea en vano, y que convenza a los aún dubitativos que la solución es una reforma migratoria integral que los incluya. Piden renovar la decisión del Senado a favor de la legalización de 11 millones de indocumentados y continuar desde ahí.

Pero en la realidad política es al revés, como explica el Editorial de La Opinión de este lunes:

“La actual crisis de los niños lamentablemente ha desviado la conversación; en lugar de debatirse la incapacidad de la Cámara Baja de aprobar una reforma migratoria, se habla de cómo frenar una ola de inmigración”.

Este concepto pretende frenar la salida de los niños y sus familias en Centroamérica mejorando la situación allí. Quienes buscan la raíz de la crisis quieren llevar a que los niños no sigan saliendo ayudando a solucionar sus problemas con inversiones y ayuda específica. Porque, como escribe aquí Julie López,

“la principal razón para dejar Centroamérica, rifarse el físico en México, y endeudarse para viajar, es económica”.

Lo mismo pero a la inversa: los de la mano dura piden que se suspenda la ayuda estadounidense a esos países a condición de que no dejen más salir a los niños de sus fronteras. Esta “solución” ya está en camino.

“Países centroamericanos preparan campaña para prevenir la migración ilegal de menores hacia Estados Unidos así como castigar con mayor rigor a los traficantes de personas “.

Por su parte, México contribuiría a lo mismo, enviando a su frontera sur a más policías y militares para, entre otras cosas, impedir el paso de los chicos.

Hay otra actitud. La de no hacer nada. El silencio. Atronador. El de los políticos latinos.

En efecto, como escribe Pilar Marrero, ¿dónde están nuestros políticos latinos cuando esta crisis estalla y se nos escapa de las manos?

Nuevamente, ningún proyecto es completo. Y la crisis de los niños migrantes, que huyen de un presente de pobreza y violencia, se está convirtiendo en la nueva cara de la cuestión migratoria en Estados Unidos.