El balompié tiene nueva estrella

James Rodríguez mostró su talento futbolístico en Brasil 2014, que hoy llega a su gran final
El balompié tiene nueva estrella
El centrocampista colombiano James Rodríguez durante el partido Brasil-Colombia, de cuartos de final del Mundial de Fútbol 2014, en el Estadio Castelão de Fortaleza, Brasil, el pasado 4 de julio de 2014.
Foto: EFE

Fortaleza, Brasil

James Rodríguez, incentivado por la repercusión que el Mundial 2014 no se amilanó ante Brasil, en el estadio Castelao de Fortaleza, donde ejerció de líder para abanderar la resistencia colombiana sobre el anfitrión.

El joven nacido hace 22 años en Cúcuta alimentó su cuenta goleadora ante Brasil.

Sumó su sexto gol. De penalti. Se fue del Mundial siendo goleador, mirando por el retrovisor a Neymar, Lionel Messi y Thomas Müller, que le persiguen igualados con cuatro.

Hoy el diez colombiano, el heredero de Carlos “Pibe” Valderrama, quien según lo admitió recientemente, asumió la responsabilidad a pesar de que su duelo frente a Julio César suponía meter de nuevo o sacar del todo a su equipo del partido.

Y al frente tenía un especialista en atajar penaltis.

Pero no le tembló el pulso a James. Firme, con seguridad, engañó al meta del Toronto.

Gol y Colombia regresó al partido, metido en una reacción suicida y sin premio.

James, el hombre del Mundial, se reafirmó en el Castalao. Fue el mejor de su equipo en el histórico choque de cuartos de final. No logró la victoria.

Aún así, el atacante del Mónaco ganó adeptos entre los indecisos y reafirmó a sus fieles.

James Rodríguez mostró su carácter ganador al final del partido.

Se había vaciado el jugador colombiano y tiró a llorar en cuanto el árbitro señaló el final del encuentro.

No tuvo consuelo el futbolista del Mónaco, revalorizado por mil en Brasil, al que le faltó tiempo para culminar la reacción de su equipo y obtener el respaldo definitivo.

Ni el abrazo, ni las palabras del brasileño David Luiz cambiaron el semblante del astro colombiano.

Unas palabras más del zaguero central y James, impotente, dejaba aflorar sus lágrimas.

El encuentro en la cancha del estadio Castelao terminó con un intercambio de camisetas. En las canchas de Francia quizá tenga nuevos encuentros futbolísticos.

Entre tanto brasileño sobresalió el colombiano. Ganó el duelo a Neymar, para los ojos pendientes de estrellas.

El exjugador del Banfield argentino y el Oporto portugués comenzó el partido con ciertas dudas pero resurgió a pesar de la fortaleza y el músculo al que recurrieron sus rivales.

Brasil lo sabía. Y centró su atención en el goleador, al que le interrumpían el paso dos adversarios cada vez que empezaba a enfilar el área de su contrario.

Pero nada le amilanó.

Pidió el balón y se encontró mejor con espacios.

Con el partido roto buscó a Julio César. Sus centros no llegaron. Sus fintas tampoco encontraron destino.

James lloró.

Un sueño se acaba para el futbolista del Mónaco.

Habrá otra ocasión para el mejor y más premios. En Brasil nació James, nació una estrella