‘Se cayó la moda vaquera’

Comerciante de East LA dice que desaparece el negocio de botas y sombreros de cuero
‘Se cayó la moda vaquera’
María González, vendedora de calzado y una de las primeras locatarias en el Mercadito de ELA.
Foto: La Opinión - Aurelia Ventura

Casi todo el calzado que vende María González proviene de México. Parte del inventario en su local, en el Mercadito del Este de Los Ángeles, está integrado por zapatitos para bautizos y huaraches trenzados.

También se ofrecen botas, sombreros, cinturones piteados y chamarras de cuero: cualquier interesado en vestir como vaquero surtiría su armario sin problemas. Sobran los artículos, pero faltan los clientes.

“Se cayó todo esto”, lamenta González, de 64 años y una de las primeras comerciantes en la parte baja del Mercadito.

De los 27 años que lleva aquí, asegura, los últimos han sido tan malos que ya considera cambiar el giro del negocio o retirarse. Lo que llegue primero.

“A veces llegan tres clientes, cuatro clientes en todo el día”, cuenta la originaria de Michoacán.

Mientras se escucha una canción del género ranchero, la mujer recuerda con un suspiro el ‘boom’ de la banda sinaloense y el baile de “La Quebradita”, en la época de 1990.

Entonces las botas se vendían por decenas. González se enteró y dejó de vender juguetes y ropa.

“Fue nuestra mejor época”, dice. “Todo iba bien, pero se acabó por completo cuando Las Torres Gemelas [los ataques terroristas de 2001]. De ahí ya no he vuelto a ver un cinco en ganancias”,

González agradece vivir a dos cuadras del Mercadito y no gastar en combustible. Ella cree que de los cinco mil clientes del lugar, unos 4,500 visitan los restaurantes. “Estoy a punto de tirar la toalla”.

A veces ni las moscas se paran en sus puestos. “El año pasado tuve pérdidas como nunca, pensé que se iba a componer, pero diciembre fue todavía peor y hay días completos en que no se vende nada”.

No hace mucho, la comerciante analizó la opción de pasar sus últimos años en su natal Michoacán, pero se enteró que un pariente era extorsionado por el crimen organizado y desechó la idea.

“El estado de donde soy es un infierno. La gente vive asustada”, comenta.

Para la vendedora, el año 2015 podría traer cierta bonanza al negocio, pero no sabe si seguirá ahí. Sus nietos podrían tomar las riendas.

“Ojalá que venga otro presidente que invierta muchos millones”, dice.